lunes, 22 de diciembre de 2008

MACHISMO Y CORRUPCIÓN

En el plano de la imagen es efecto teatral.

En el mundo de la acción es violencia y/o sumisión.

En la dimensión del trabajo es deshonestidad, complicidad e ineficiencia.

Si, estamos hablando del modus operandi de Trucutú durante la Edad de Piedra. El machismo es una estética centrada en la imagen del ego. Una imagen cuyo canon supremo es la expresión de la fuerza por todos los medios. Independientemente de la realidad interior de los individuos. Ahí radica su debilidad intrínseca. Coloca la imagen, el efecto, en el lugar de la realidad, la causa.

Una ideología con semejante tara estructural está llamada a hacer reir hasta al teórico más superficial. Porque evidencia un desorden tan solo compatible con el juego violento de ciertos niños, con el frenesí irracional del carnaval, con la locura del Teatro del Absurdo.

En efecto, los individuos machistas son contradicciones vivientes entre la idea y la acción. Incapaces de concluir ningún proceso de mediana o larga duración. Por la simple razón de que el machismo no es un sistema de acción sino de impresión. Un bluff de jugadores de cartas: hacer creer y hasta jurar a los oponentes lo que en realidad no es y aprovechar el efecto sorpresa para lograr algún beneficio de dudosa decencia. ¿Por qué llegar a la ardua realización de un proceso si ya con su representación mental, verbal y gestual es más que suficiente?

Este estado de animo es el nucleo duro de organizaciones criminales: Mafia, Camorra, Dranghetta, Yakuza, etc.

El machismo es un efecto teatral y como tal no aspira a la evolución o desarrollo o conclusión de ningún proceso creativo. Su único objeto es fijar el actual estado de las cosas en lo social, individual, económico, político, cultural, etc. Para que impere eternamente el orden impuesto por el animal mas colorido, más fuerte. El que más mea.

Porque el machista sabe que su permanencia en el poder depende del manejo de las apariencias.

Continuará...

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