sábado, 5 de diciembre de 2009

La aporía moral de Venezuela

La aporía moral de Venezuela
Un substrato del alma colectiva

No se puede juzgar y condenar la maldad en Venezuela. Porque ser malo para el común no es sino ser macho. Malo es sinónimo de fuerte, violento, marcial, arrojado, temerario, audaz. La huella perenne de la que hablara Herrera Luque determina este gene impactado en la idiosincracia nacional. Este desplazamiento de sentido por la capilaridad homeostática del signo linguístico es uno de los factores que explican por qué Venezuela es un país subdesarrollado en cuerpo y alma. Y hasta en espíritu, si lo tuviera.
Aquí, el hombre común piensa así: fuerte, malo, audaz. El polo opuesto de esta tríada es: débil. homosexual, cobarde.
Si Ud. es honesto y decente y respetuoso de los derechos de los demás, por la magia benefactora de la educación, probablemente es porque en sus genes, en su sangre, la hormona masculina no alcanza sino los escualidos niveles de la homosexualidad. Aunque sea latente. Es por eso que hasta con los gestos se percibe ese culto por la fuerza, la audacia, la viveza o sea la maldad.
Y si por casualidad Ud. es un malandro innato (genético) pero sus niveles de testosterona no le alcanzan para la media del comportamiento espectacular del macho cabrío, no se preocupe. Existen mil y una maneras de ser malo de pensamiento, palabra, obra y omisión. Una mala acción, un mal gesto del alma, una imprecación soéz, convierten a cualquier enano o sádico niño precoz en un gigante viril. Claro, sólo ante los ojos de los demás: es sólo una transformación virtual. En el escenario grandioso, mítico que es la espectacularidad callejera de la vida psíquica de los venezolanos

viernes, 9 de octubre de 2009

FAUSTO Y EL PENTAGRAMA DEL HOMBRE

ANALFABETAS DEL ESPÍRITU EN EL SIGLO XXI

Todos los problemas sociales, económicos y culturales del siglo XX y del comienzo del siglo XXI tienen por causa la ausencia de una referencia trascendente para la naturaleza humana porque el hombre cambió la fe en Dios por la confianza en la ciencia y la tecnología. La aporía de nuestra Civilización Occidental es: ¿Cómo puede el hombre alcanzar su dignidad si ella es el efecto de una causa que él mismo desconoce: el espíritu. Sin la conciencia trascendente que sólo da una cultura del espíritu el hombre no puede crear una institución política que desafíe el tiempo.
Tomemos como referencia a tres hombres que influenciaron la cultura de su época: Paracelso, Pico de la Mirándola y Tomás de Aquino.
En el siglo XII la Escuela de Chartres constituye un importante foco cultural. Allí los monjes cultivan un pensamiento alejado de la tendencia racionalista de su época. Subrayan un sentimiento substancial del lazo del hombre con el universo: la correspondencia profunda del microcosmos humano con el macrocosmos. Según Alain de Lille (1128-1203) “Dios es una esfera inteligible cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna…; es en efecto lo propio de la forma esférica el no tener ni comienzo ni fin. La criatura es llamada centro porque al igual que el tiempo comparado con la eternidad aparece como un instante, igualmente la criatura comparada con la inmensidad de Dios aparece como un punto o centro.”1
El apogeo de Chartres coincide con el ‘Conflicto de los Universales’. Esta polémica sobre la condición real de los conceptos humanos no es simple retórica, es una verdadera crisis espiritual. El problema del ‘Nominalismo y del ‘Realismo’ mete el dedo en la llaga de la cuestión esencial de la cultura y la condición humana.
Durante el siglo XIII, Paris reemplaza a Chartres como foco intelectual, lo que hace evidente la posición primaria de la lógica. El pensamiento y el método de Aristóteles se imponen como referencia científica. Es en este terreno que se libra la batalla por la verdad con respecto al lazo que une al hombre con el universo. Santo Tomás de Aquino (1225-1274) tiende a mantener ese lazo en el proceso cognoscitivo o intelectual humano. Según él los contenidos del pensamiento existen bajo tres aspectos, en íntima relación y sin embargo distintos. Los conceptos o ‘universales’ existen primero en la inteligencia divina en tanto que realidades creadoras, ‘antes de las cosas’. Después los conceptos existen ‘en las cosas’. Finalmente, ‘después de las cosas’, es decir, en los pensamientos humanos que las conciben. Este es un proceso ternario opuesto a la conciencia dualista que separa la psique pensante del objeto exterior. Dios aparece como el garante de la condición real de la experiencia humana mediante la actividad creadora de la encarnación del pensamiento, el cual proviene de la substancia divina en las cosas. Pero Tomás de Aquino no alcanza a armonizar el ‘realismo’ con el ‘nominalismo’ porque el signo de su época es justamente la separación entre la razón y la fe.
En su famosa tésis en defensa de la tripartición humana De dignitate hominis Juan Pico de la Mirándola (1463-1494) cuenta como Dios, habiendo concluido su obra creadora del universo, deseó la existencia de un ser capaz de admirar la razón, la grandeza y la belleza de tal obra. Pico:

“El perfecto artesano decidió finalmente que a aquél a quien no podía dar nada propio sería común todo lo que había sido lo propio da cada criatura. Tomó entonces al hombre, esta obra de imagen indistinta, y habiéndolo colocado en el medio del mundo le habló de esta manera: ‘No te dado ni un lugar determinado ni faz propia ni don particular, oh Adam para que tu lugar, tu cara y tus dones los desees, los conquistes y los poseas por ti mismo. La naturaleza contiene otras especies y leyes por mi establecidas. Pero tu, sin bordes que te limiten, te defines a ti mismo, por tu propio arbitrio, en cuyas manos te he colocado. Te he ubicado en el medio del mundo para que puedas contemplar mejor a tu alrededor lo que el mundo contiene. No te he hecho ni celeste ni terrestre, ni mortal ni inmortal, para que, soberano de ti mismo, acabes tu propia forma libremente a la manera de un pintor o un escultor. Podrás degenerar en formas inferiores como las de las bestias, o regenerado, alcanzar las formas superiores que son divinas. “2

Para Paracelso (1493-1541) , el hombre es un reflejo y una síntesis de todos los reinos de la grande ‘Naturaleza’. Desde lo mineral y vegetal hasta lo astral y racional.
Con el Nominalismo el hombre deja de tener fe en la presencia inmediata de Dios en el mundo. Es el primer paso de lo que será la ciencia experimental positiva. Para el dualista hombre del siglo XXI, Dios está muy lejos y su representante en la tierra es la ciencia y la tecnología. Esta concepción binaria del mundo contrasta con la Oratio de Pico. Para él, el hombre es un ser triple capaz de construirse a sí mismo y libre para realizarse de su libre arbitrio entre el Bien y el Mal. Un mediador entre lo visible y lo invisible a medio camino entre la bestialidad y el espíritu eterno. Un ser fragmentado en medio de una naturaleza cuyo último reflejo es él mismo.
Para el hombre actual estas palabras tienen poco sentido. Porque el hombre de hoy es sólo cuerpo y mente. La palabra espíritu para él carece totalmente de sentido práctico. Una ilusión del hombre del pasado. Pero algunas eventos misteriosos le llaman la atención. Como aquél pasaje del Evangelio de Marcos cruzando el Lago de Gennesareth, cuando un fuerte vendaval amenaza con hacer zozobrar la barca en donde Jesús se había quedado dormido. Los discípulos, atemorizados, lo despiertan en medio de la borrasca: “Jesús, despertado, amenazo al viento y dijo al agua del lago : ‘¡Silencio! ¡Cálmate!’ El viento se apaciguó y hubo una gran calma. Entonces Jesús dijo a los discípulos: ‘¿Por qué tenéis tanto miedo? ¿Todavía no tenéis confianza? (Marcos 4. 35).
El dualismo nominalista acabó con la fe del hombre medieval en Dios. De igual manera el hombre humilde perdió la fe en el orden establecido que, como los antiguos reyes, es el representante de la autoridad divina en el mundo. Los pobres pierden la fe en la democracia a causa de la perversión egoísta de los lideres tradicionales que traicionan la esperanza de los más humildes. Entonces se produce un giro a la izquierda. Un giro que empeora las cosas aún más. Porque si los demócratas son egoístas, los seudo idealistas socialistas también lo son y añaden el despotismo autoritario.
El dualismo que, grosso modo, nace de la interpretación sesgada del ‘Mito de la caverna’ de Platón, conduce en línea recta al mundo caótico en el que sobrevivimos. Un mundo cuerpo-mente, un mundo hipertrofiado sin la profunda solidaridad y el amor que la fe en el espíritu –que a todos iguala- supo inspirarle al hombre del pasado.
Espíritu es una noción “iceberg”, una paradoja. Una idea gigantesca, inefable que cabe en un grano de mostaza. Espíritu es todo el universo. Infinito. ¿Como es que el hombre se ha declarado analfabeta en la noción que une el principio al fin de la realidad cósmica? Una noción cuya ignorancia determina dos problemas cruciales para la humanidad de todos los tiempos: 1) la Naturaleza y 2) la sana evolución del colectivo social. Porque sin la noción de base del Espíritu no es posible entender el orden natural creado por Dios de acuerdo a leyes lógicas (la ciencia experimental-reino mineral) e ‘ilógicas’ u ocultas (reinos vegetal, animal y racional). Tampoco el derecho inalienable del hombre de cualquier clase social a entretener y cuidar la llama de su dignidad.
¿Y qué es el espíritu? Es como el verdadero arte. No cumple ninguna función utilitaria. No sirve para nada funcional. Pero es la causa de todo y del Todo: la causa y el efecto de la Naturaleza viviente y del hombre libre.
Cuando el hombre ignora el espíritu no se reconoce como parte integral del espíritu cósmico. Entonces crea categorías formalistas. Las diferencias dan lugar a injusticias y estas a menudo conducen a las masacres (Armenia, Ruanda, Yugoslavia, etc) y las guerras que legalizan el crimen. Cuando el hombre ignora el espíritu no considera a su prójimo como su igual.
La crisis de Venezuela no es un fenómeno aislado o particular. La crisis de Venezuela no es diferente a la del resto del mundo. Una crisis de valores, de los fundamentos mismos de la existencia humana. Una crisis espiritual que deriva del pensamiento científico. ¿Si el hombre no puede probar la existencia de Dios, a que nivel de realidad se sitúa el fenómeno humano? Con la perdida de la ingenuidad paralela al desarrollo del racionalismo y la ciencia moderna el hombre le ha exigido a su creador tanto su manifestación como su propia identificación. No es de extrañar que todos los valores de la vida individual (la moral) y colectiva (la ética) hayan sido invertidos y desechados. Es el Relativismo, hijo único del conocimiento humano de la materia mineral. Pero Dios no sólo está por encima de la materia sino también del espacio y del tiempo. La ciencia y la tecnología son útiles ayudantes del desarrollo cultural humano pero no referencias absolutas que puedan explicar el enigma del hombre.
Es necesario volver a los principios elementales de la convivencia, el afecto y el respeto mutuo como garantes de la armonía social y cultural mundiales. Volver a ser ingenuos, a ser poetas y a arrodillarnos ante Dios. Sólo de esta manera puede el hombre libre conjurar la amenaza de los totalitarismos de derecha y de izquierda, del ateísmo, de los fundamentalismos y nacionalismos y del capitalismo que destruye la naturaleza en busca de 'energía´. Solo un hombre libre y exento de prejuicios pude concebir una armonía universal fundada en el espíritu humano.

1) Paul-Henri Bideau, De l’École de Chartres au goéthéanisme, revista Triades, septiembre 1981, año XXIX, Nº 1, p. 17-30.
2) Jean Pic de la Mirandole, de dignitate hominis, in, Oeuvres philosophiques, epiméthée, PUF, Paris 1993, pp. 4-7.

miércoles, 7 de octubre de 2009

DEMOCRACIA

LA ESENCIA DE LA DEMOCRACIA ES: “NADIE ES INDISPENSABLE”.

TODOS POSEEMOS EL SENTIDO COMÚN COLECTIVO QUE NOS CAPACITA PARA REPRESENTAR EL IDEAL DEL BIEN COMÚN.

¿POR QUÉ ENTONCES HAY DICTADORES?

PORQUE LA AMBICIÓN Y EL AMOR AL PODER TRASTORNA A CIERTOS HOMBRES.

EL ORDEN DEMOCRÁTICO ES MORALMENTE JUSTO. SU FUNDAMENTO ES EL DESAPEGO POR EL PODER Y LA CONCIENCIA DE QUE, UNIDOS TODOS EN UN MISMO ESPÍRITU, NADIE ES INDISPENSABLE.

LA DICTADURA ES LA PASIÓN MALIGNA DE LA AMBICIÓN INDIVIDUAL.

DEMOCRACIA ES LA VIA JUSTA HACIA EL BIEN COMÚN.

EN LA DICTADURA EL HOMBRE CONTAMINA EL IDEAL DEL BIEN COMÚN CON LA MÁS OSCURA Y SINIESTRA PERVERSIÓN DE SU AMOR PROPIO.

‘12’ ES EL UNIVERSO.

‘7’ ES EL ORDEN SUPERIOR EN EL MUNDO FÍSICO.

‘5’ ES EL AMOR PROPIO, LA PASIÓN HUMANA ENTRE EL BIEN Y EL MAL.

jueves, 27 de agosto de 2009

Interpretación del Cuento

En este cuento, dice Rudolf Steiner, se personifican las tendencias múltiples del alma humana; sus aventuras y acciones recíprocas encarnan toda la vida psíquica del hombre. Para comprender todo esto es fundamental tener en cuenta que la imaginación de Goethe no inventa abstracciones arbitrarias y sin sentido. Los personajes del cuento son percepciones suprasensibles. La atmósfera y los personajes del cuento están dictados por la pura fantasía pero es necesario establecer cuales fueron los pensamientos y las impulsiones intelectuales que animaban la imaginación del poeta. El móvil principal es transformar en un medio plástico, artístico, el contenido filosófico de Schiller sobre la búsqueda de la dignidad del hombre. Goethe metamorfosea las fuerzas del alma en personajes y ambienta la búsqueda de la dignidad ‘a medio camino’ entre las dos orillas de un río.
Pero comencemos por el principio: la obra en la que va insertado el cuento y su contexto espacio-temporal.
Tal como lo dice Rudolf Steiner en “L’Esprit de Goethe” las “Conversaciones de los emigrados alemanes” fue publicada por Goethe en la revista “Horas” en 1795. Su argumento refleja los conflictos causados por la Revolución Francesa. Libertad, Igualdad, Fraternidad son conceptos que reflejan la triple naturaleza del hombre: cuerpo, alma y espíritu. Este enfoque de lo más alto en el hombre es también la razón por la cual Schiller escribió sus “Cartas sobre la educación estética del hombre”. Originalmente escritas para el Duque de Augustenburg, las “Cartas” fueron remanejadas para su publicación en las “Horas” en 1794.
Siempre según Steiner, existen dos tendencias básicas en el hombre. La una deriva de su condición animal: es el pleno centro de la naturaleza fisica, la satisfacción y plenitud de los sentidos. La otra es una mirada hacia arriba: la más alta moral implícita en su naturaleza racional. Entre esas dos tendencias se encuentra el juego.[1] El juego, cuya máxima expresión es el Arte. En sus “Cartas” Schiller habla de la oposición entre la ‘tendencia sensual’ y la ‘tendencia razonable’. El desarrollo del núcleo personal del alma humana se encuentra también a medio camino entre la naturaleza sensible y la pura espiritualidad.
Steiner: “Una libre personalidad sería aquel ser humano cuya sensualidad revelaría tanta espiritualidad como la razón y cuya razón poseería tanta energía elemental como la pasión.” [2] Schiller fundamenta la armonía de la vida colectiva en la sociedad humana sobre el desarrollo de la libre personalidad. Individualidad libre y digna y sociedad sana y armoniosa son para él como un mismo círculo, una sola y misma cosa. Esta era su respuesta a los grandes problemas planteados por la Revolución Francesa.
Las “Conversaciones”, prosigue Steiner, giran alrededor de dos ideas centrales. La primera concierne aquellos hombres que siempre creen reconocer relaciones que escapan a las leyes de la realidad sensible en ciertos eventos o circunstancias de la vida. Es la agradable sensación de seudo-misticismo que sienten algunos cuando oyen un cuento o suceso de apariencia sobrenatural. Esta inclinación por los hechos inexplicables que desafían el orden natural de las cosas no puede ser sino una pueril deformación de la nostalgia que siente el alma humana por el mundo espiritual.
La segunda idea central de las “Conversaciones” concierne la vida moral. El hombre extrae sus móviles morales no de la esfera de los sentidos sino de un mundo de impulsiones superiores que lo elevan por encima de la sensualidad. Esa alta moral humana sólo existe en tanto que confluencia de energías suprasensibles que, como un torrente invisible, irrumpe en la vida ordinaria del alma.
Según la exégesis de Steiner, repetimos, Goethe habría retomado el modelo ternario propuesto por Schiller y habría transformado esta teoría filosófica en su polo opuesto: el lenguaje del Arte. Schiller dice que el juego es la interfaz en la que la razón desciende hacia los sentidos (la naturaleza animal o física) y en donde los sentidos se elevan hacia la razón. Pero para Goethe este enunciado es una pura abstracción si no va acompañado de la experiencia de la vida humana. Schiller habla de filosofía en términos abstractos mientras Goethe transforma esta teoría en imágenes.
Detrás de la imagen encarnada de cada personaje del cuento Steiner discierne un trasfondo particular. Para él, los Fuegos Fatuos serían la imagen artística de la abstracción intelectual. La imagen de una ciencia que domina el proceso cognoscitivo pero es incapaz de armonizar la idea abstracta con la realidad sensible. La Serpiente Verde sería la imagen del hombre que extrae del conocimiento abstracto (el oro), luz y sabiduría, sin perder la relación con la horizontalidad de la realidad al elevarse a la posición vertical. 'Sabio es aquel hombre que de la Idea pasa a la cosa misma'. Los Reyes son las tres fuerzas del conocimiento, las tres vías de la iniciación por el pensamiento, el sentimiento y la voluntad. Están aisladas en el espíritu humano en su estado ideal cuando se transforman en Sabiduría, Belleza y Fuerza. El Barquero encarna las fuerzas ocultas del alma humana, ligadas a la naturaleza universal y en relación con la vida y la muerte. El Caballero es la imagen de la gesta del conocimiento total. La Bella Lilia es la imagen del Eterno Femenino Universal. La unión con ella significa para el hombre la armonía de los contrarios y la eternidad. El Viejo de la Lámpara es la imagen de la devoción y de la religión. Su esposa es la ‘razón’, el sentido común que no supera el lado práctico de las cosas. El Gigante representa las fuerzas inferiores del alma como el espiritismo y la antigua clarividencia. Los secretos del Viejo de la Lámpara se refieren a los tres reinos de la naturaleza: vegetal, mineral y animal. El más importante es aquel que está a la vista de todos: el pensamiento del hombre. Este cuarto reino es el misterio que debe revelarse en el alma humana. Pero la única vía es el sacrificio de la Serpiente Verde. El sacrificio de la fuerza humana que se adhiere exclusivamente a la realidad exterior tomándola como un fin en sí misma. Es necesario renunciar a la referencia sensorial, a la representación abstracta del mundo antes de acceder a la visión integral de la Iniciación. Es necesario morir… para renacer. El sacrificio de la Serpiente Verde da lugar a una nueva facultad del alma cuya imagen es el Templo subterráneo que emerge a la superficie de la tierra y el Puente a través del cual el hombre del futuro transita libremente entre el mundo físico y el mundo espiritual.
En cuanto a las dos orillas del Río, Steiner afirma que el hombre posee energías ocultas –afines a las potencias creadoras del universo- que lo acercan a la esencia de las cosas. Todo eso viene de Lilia y tiende a volver a ella. Pero esas fuerzas enterradas en el subconsciente humano son incapaces de transportar al hombre a la orilla de Lilia. Goethe indica dos vías para cruzar el Río. El cuerpo de la Serpiente y la sombra del Gigante. Quien quiere pasar de día, en la claridad consciente, recurre a la Serpiente. ‘El Gigante es débil pero su sombra es poderosa’. Quien prefiere la media luz del crepúsculo toma la sombra del Gigante (el inconsciente).


Un individuo aislado nada puede. Sólo aquél que se une a muchos en el momento adecuado

En un principio, nos dice la mitología, el hombre formaba una unidad y vivía en la Luz. Pero esa unidad se fragmentó en millones de partículas de fuego. Así nació el alma humana cuyo símbolo es la Torre de Babel: ‘la individualidad porta en si misma el germen de su propia destrucción’. La individualidad egoísta que vive la larga agonía de sus sentidos y de su orgullo. El hombre que no teme, respeta a Dios es una fuente de caos. Comenzar a respetarlo es respetar al prójimo.
La Moral y la Luz no son una condición humana. Son un estado de espíritu. Un lejano y utópico Shangrilá hacia el cual el hombre digno siempre se dirige. Para comenzar ese largo viaje es necesario desearlo con pasión. Pasión en el proceso de aprendizaje que transforma el alma y la devuelve a la Luz unitaria original.
El núcleo central del famoso cuento de Goethe ‘La Serpiente Verde y la Flor de Lis’ es: ‘cuando el hombre se une es capaz de enfrentar su destino’. Todo el devenir de Oriente y Occidente, del hombre en busca de sí mismo, en busca de su dignidad se resume en tres palabras: Libertad, Igualdad y Fraternidad. La espiritualidad de Oriente tomó la vía del Oeste, de Occidente en las alforjas de los monjes caballeros. Los Templarios. Pero fueron sus ayudantes, los gremios masones medievales quienes se encargaron de la difusión. [3]
La vida del alma es pensamiento sentimiento y voluntad en busca del Eterno Femenino universal. En busca de la dignidad del hombre libre. Pero existe un principio de desunión, de fragmentación que se opone tenazmente a la realización de esa dignidad. Es el cuarto Rey. El Rey mezclado.
El proceso que convierte a este Rey en Oro, Plata y Bronce es uno de esfuerzos y sacrificios. Sólo el largo viaje hacia la Moral y la Luz puede realizar esa transformación. La condición sine qua non es la unión. Cuando las fuerzas del alma se unen logran conjurar el peligro y contribuir al proceso que une los dos mundos. Cuando el hombre se une por encima de sus diferencias reintegra la Moral y la Luz de los orígenes. Alcanza el espíritu, la Idea (Nación, Dignidad, Bien Común).4

En su actual estado, el hombre venezolano no percibe las Ideas. Su alma necesita un afinamiento que la encauce de nuevo hacia la inefable senda de la dignidad.
Como en el caso de la atracción entre la nicotina y la sangre, el pueblo venezolano prefiere la nicotina al oxígeno. La nicotina es Hugo Chávez (HCH). El oxígeno es la República Democrática enmendada de sus errores. Esto sucede porque HCH ha aniquilado la fe del hombre en el hombre. La fe en lo más alto en el ámbito humano: la bondad innata. Sin ella no existe la confianza. Sin confianza la vida humana es un infierno
Las Naciones también son organismos triples dotados de un cuerpo, un alma y un espíritu: la economía, la política y la cultura. Cuando un tirano se apodera de una Nación es necesaria la unión de los individuos para conjurar la amenaza del egoísmo y la ambición de poder hechos sistema de gobierno. Porque HCH ha sembrado la disensión, el odio y la desconfianza. El acto de fe que supera la desconfianza es un gesto espiritual. ‘Sólo en la unión puede el hombre enfrentar su destino’. El rey mezclado no ha aislado las tres fuerzas del alma y su destino es la destrucción.
¿Llegará un momento en Venezuela en el que el hombre libre, el hombre en busca de su dignidad pase del enunciado ideológico a la acción? Sí. Pero primero hay que establecer sobre que premisas asentamos el nuevo, renovado orden social democrático que debe prevalecer. Libertad, Igualdad y Fraternidad. Todos unidos en busca del Vellocino de Oro: la dignidad del hombre. Ese ideal conduce a Venezuela fuera de las tinieblas del despotismo satrápico (a la‘Mugabe’, ‘Bocassa’, ‘Mobutu’ e ‘Idi Amín’) hacia las alturas donde brilla el Sol del espíritu divino. La Moral y la Luz. ¡Venezolanos! La unión en un mismo ideal de la dignidad del hombre por encima de cualquier perversión egoísta es, como diría el difunto Renny Ottolina, una cuestión de integridad.

‘PERFORMANCE’ ES LA ACCIÒN TOTAL EN LA QUE EL HOMBRE SE CONOCE A SÌ MISMO
[1] El juego, cuyo origen es tan arcaico, tan primitivo que comparte la misma raíz etológica del instinto.
[2] Rudolf Steiner, L’esprit de Goethe, Alice Sauerwein, Paris, P.U.F., 1926, p. 71.
[3] Según Rudolf Steiner, la antigua Orden Militar de los Caballeros del Templo de Salomón fue destinada al servicio del Misterio Cristiano. Su fin era la espiritualización de la vida humana mediante la evolución de la cristiandad. Debido a su rol de ‘banqueros de Europa’ guardaban en sus fortalezas enormes cantidades de joyas y oro. Los Templarios fueron injuriados y aniquilados por la avaricia de Felipe ‘el Hermoso’. Pero algunos Templarios eran iniciados. Goethe es el continuador de la vida espiritual de los Templarios como lo muestra su poema inacabado ‘Los Misterios’. Las alusiones al simbolismo del ‘Oro’ en el cuento de la Serpiente Verde (el Rey de Oro de la sabiduría), confirman que Goethe conocía el secreto de los Templarios. Por eso es que la Serpiente Verde decide sacrificarse después de haberse comido el oro. Cf. Rudolf Steiner, Les arrière-plans spirituels de l’histoire contemporaine (Dornach 16-9 al 30-10 1916), Genève, Éditions Anthroposophiques Romandes, 1994.
[4] Para percibir las Ideas es necesario abandonar las tinieblas que hacen pesada al alma y la confinan a las profundidades abisales de la materia. Las Ideas son el umbral de la eternidad. Pero para alcanzarlas es necesario ser un instrumento musical. Una Lira de Apolo. La música es la vibración que produce un alma purificada en la Moral y la Luz.

jueves, 14 de mayo de 2009

INICIACIÓN (III)

INICIACIÓN (III)

“En medio de esta solemnidad, de esta dicha, de este encanto, no se había notado que el sol brillaba ya plenamente y, de pronto, a través de la puerta abierta, varios objetos inesperados llamaron la atención de los que estaban allí. Una plaza grande y rodeada de columnas hacía de atrio, y en su extremo se veía un largo y magnífico puente que tendía sus muchos arcos sobre el río: tenía a ambos lados cómodas y suntuosas arcadas para los caminantes, que de a miles ya se encontraban allí, e iban y volvían atareados. El gran camino que había en el medio estaba animado por rebaños, mulas, jinetes y coches que por los dos lados, sin obstaculizarse mutuamente, iban y venían como torrentes. Todos parecían asombrados por la comodidad y suntuosidad; y el nuevo rey y su esposa estaban tan encantados por el movimiento y la vida de este gran pueblo, cuanto el mutuo amor los hacía felices.
‘¡Acuérdate con veneración de la serpiente!’ dijo el hombre de la lámpara; ‘tú le debes la vida, tus pueblos le deben el puente por medio del cual estas orillas vecinas se llenan de animación hasta convertirse en países y se unen. Esas piedras preciosas que flotan y brillan, los restos de su cuerpo sacrificado, son los pilares de este magnífico puente, sobre ellos se ha edificado a sí mismo y se ha de mantener a sí mismo.’
Quisieron exigirle que aclarara este maravilloso misterio, cuando entraron por la puerta del templo cuatro bellas muchachas. Por el arpa, la sombrilla y la silla plegadiza se reconoció inmediatamente a las acompañantes de azucena, pero la cuarta, más bella que las otras tres, era una desconocida que, bromeando fraternalmente con ellas, recorrió de prisa el templo y subió por las gradas de plata.
‘¿En lo futuro me creerás más, querida mujer?’ dijo a la belleza el hombre de la lámpara. ‘¡Dichosa tú y toda criatura que esta mañana se bañe en el río!’
La vieja rejuvenecida y embellecida, de cuyas anteriores formas corporales no habían quedado ni huellas, abrazó al hombre de la lámpara con brazos amistosos y juveniles, que recibió amistosamente sus caricias. ‘Si soy para ti demasiado viejo,’ dijo sonriendo, ‘puedes elegirte hoy otro esposo; a partir de hoy no es válido ningún matrimonio que no sea celebrado de nuevo.’
‘¿Pero no sabes,’ replicó ella, ‘que también tú te has vuelto más joven?’ –‘Me alegro de aparecer ante tus jóvenes ojos como un animoso joven; tomo de nuevo tu mano y viviré gustoso contigo en el milenio venidero.’
La reina dio la bienvenida a su nueva amiga y bajó, junto con ella y las restantes acompañantes, por el altar, mientras el rey, parado entre los dos hombres, miraba hacia el puente y contemplaba atentamente la muchedumbre del pueblo.
Pero su contento no duró mucho tiempo, pues vio un objeto que le provocó enojo por un instante. El gran gigante, que todavía no parecía haberse restablecido totalmente de su sueño matinal, avanzó a los tumbos por el puente y provocó allí un gran desorden. Se había levantado, como era habitual en él, borracho de sueño y pensaba bañarse en la conocida ensenada del río; pero en lugar de ella encontró tierra firme y anduvo a tientas sobre el amplio pavimento del puente. Si bien se metió de la más torpe manera por entre hombres y animales, su presencia causó por cierto el asombro de todos, mas no fue sentida por nadie, pero cuando el sol le dio en los ojos y él levantó la mano para protegerse, la sombra de su enorme puño se movió detrás de él tan violenta y torpemente por entre la muchedumbre, que grandes masas de hombres y animales se precipitaron, fueron dañadas y corrieron peligro de ser arrojadas al río.
El rey, cuando vio esta desdichada acción, hizo un movimiento involuntario para tomar la espada; pero reflexionó y observó con tranquilidad primero su cetro, después la lámpara y el remo de su acompañante. ‘Adivino tu pensamiento,’ dijo el hombre de la lámpara, ‘pero nosotros y nuestras fuerzas somos impotentes frente a este impotente. ¡Tranquilízate!, es la última vez que produce un daño y, felizmente, su sombra se ha apartado de nosotros.’
Entretanto el gigante se había acercado cada vez más, de asombro por lo que con sus ojos abiertos veía había dejado caer sus brazos, ya no hacía daño, y entró boquiabierto en el atrio.
Se dirigía precisamente a la puerta del templo cuando, de pronto, en el medio del patio, fue sujetado al suelo. Estaba parado allí como una estatua enorme, colosal, de brillante piedra rojiza; y su sombra indicaba las horas, que estaban marcadas en un círculo sobre el piso a su alrededor, no en cifras sino en nobles y significativas imágenes.
No poco se alegró el rey de ver la sombra del monstruo en una útil dirección; no poco se sorprendió la reina que, cuando adornada de la máxima magnificencia bajó del altar junto con sus doncellas, divisó la rara estatua que casi cubría la vista que desde el templo se tenía en dirección al puente.
Entretanto el pueblo se había apiñado en torno al gigante, pues este estaba quieto, lo había rodeado y contemplado con asombro su metamorfosis. Desde allí se dirigió la muchedumbre hacia el templo, cuya existencia sólo entonces pareció haber percibido, y atropelladamente se encaminó hacia la puerta.
En este momento se cernía el azor con el espejo, muy arriba, sobre la catedral, captó la luz del sol y la proyectó sobre el grupo que estaba sobre el altar. El rey, la reina y sus acompañantes aparecieron, en medio de la penumbra de la bóveda del templo, iluminados por un resplandor celestial, y el pueblo cayó de bruces. Cuando la muchedumbre se recuperó y se puso en pie, el rey y los suyos habían descendido del altar a fin de dirigirse, a través de ocultos salones, a su palacio, y el pueblo se dispersó por el templo para satisfacer su curiosidad. Contempló con asombro y respeto los tres reyes que estaban de pie; y sintió tanto más ansiedad por saber que podría ser lo que se ocultaba, con forma de terrón, bajo el tapiz, en el cuarto nicho. Pues, fuera quien fuere, una benévola modestia había extendido un magnífico manto sobre el rey postrado, manto que ningún ojo puede atravesar y que ninguna mano se atreve a levantar.
El pueblo habría contemplado y admirado interminablemente, y la curiosa muchedumbre hasta se habría aplastado a sí misma en el templo, si su atención no se hubiera desviado de nuevo hacia la gran plaza.
Inopinadamente, como del aire, cayeron sonoras monedas de oro sobre las losas de mármol, los caminantes que estaban más cerca se precipitaron hacia ellas para adueñarse de ellas; aisladamente se repitió el milagro, aquí y allá. Se entiende que los fuegos fatuos, que se retiraban, se divirtieron así una vez más, y derrocharon alegremente el oro que provenía de los miembros del rey postrado. Ansiosamente corrió el pueblo durante un tiempo más de un lado para el otro, se apretujó y se tironeó, aun cuando ya no caían monedas de oro. Por último se fue dispersando lentamente, siguió su camino, y hasta el día de hoy pulula el puente de caminantes, y el templo es el lugar más visitado de toda la tierra.



miércoles, 13 de mayo de 2009

INICIACIÓN (II)

INICIACIÓN (II)
La máxima desgracia es precursora de la máxima felicidad… cuando llega la hora.

Para salvar al caballero de la muerte la serpiente verde decide sacrificarse. Traducción:

“La serpiente se movió en cambio tanto más activamente; parecía buscar una salvación, y sus extraños movimientos sirvieron realmente por lo menos para impedir por un tiempo las inminentes y horribles consecuencias de la desgracia. Trazó con su flexible cuerpo un amplio círculo en torno al cadáver, tomó con sus dientes la punta de su cola y se quedó quieta. (…) ‘¿Quien nos trae al hombre con la lámpara antes de que se ponga el sol?’ susurró quedamente la serpiente, pero de tal manera que se oía, las doncellas se miraron y las lágrimas de azucena aumentaron. En este momento regresó sin aliento la mujer del canasto. ‘¡Estoy perdida y mutilada!’ exclamó; ‘¡mirad cómo mi mano casi ya ha desaparecido por completo! Ni el barquero ni el gigante me quisieron trasladar, porque soy todavía deudora del agua, en vano he ofrecido cien repollos y cien cebollas, sólo se quiere un ejemplar de cada una de las tres plantas, y en estas comarcas no se puede encontrar ni una alcachofa.
‘¡Olvidad vuestra necesidad’, dijo la serpiente, y tratad de ayudar aquí, quizá al mismo tiempo se os pueda ayudar a vos! Apuraos todo lo que podáis para buscar a los fuegos fatuos; todavía está muy claro para verlos, pero quizá los oís reír y revolotear. Si ellos se apuran el gigante los ha de hacer cruzar el río, y podrán encontrar al hombre de la lámpara y enviarlo.’
La mujer se apresuró todo lo que pudo; y la serpiente pareció esperar con la misma impaciencia que la azucena el regreso de ambos. Por desgracia los rayos del sol poniente doraban ya solamente las más altas copas de los árboles del bosque, y largas sombras se extendían sobre el lago y la pradera; la serpiente se movía con impaciencia y azucena se deshacía en llantos.
En medio de esta angustiosa situación miraba la serpiente hacia todos lados pues temía a cada momento que el sol se pusiera y la descomposición del cuerpo atravesara el círculo mágico y atacara inconteniblemente al bello joven. Finalmente divisó, muy arriba en los aires, al azor, cuyo pecho recibía los últimos rayos del sol. Se sacudió de alegría ante esta buena señal, y no se engañaba: pues poco después se vio al hombre de la lámpara deslizarse por sobre el lago como si fuera sobre patines.
La serpiente no cambió de posición, pero la azucena se irguió y le gritó: ‘¿Qué buen espíritu es el que te envía justo en el momento en que tanto te anhelamos y tanto necesitamos de ti?’
‘El espíritu de mi lámpara’, replicó el viejo, ‘es el que me impulsa, y el azor me guía aquí. Ella empieza a crepitar y a echar chispas cuando se me necesita, y miro entonces el cielo a mi alrededor en busca de alguna señal; algún pájaro o meteoro me señala la parte del cielo adonde debo dirigirme. ¡Tranquilízate, bella muchacha! No sé si puedo ayudar; un individuo no ayuda, sino quien se une con muchos a la hora adecuada. Posterguemos y esperemos. Mantén cerrado tu círculo,’ prosiguió mientras se dirigía a la serpiente, se sentaba junto a ella sobre un montículo de tierra e iluminaba el cuerpo muerto. ‘¡Trae también al gracioso canario, y ponlo dentro del círculo!’ Las doncellas tomaron del canasto el pequeño cadáver, pues la anciana había dejado allí el canasto, y obedecieron al hombre.
Entretanto el sol se había puesto y, como creciera la oscuridad, empezaron, empezaron a irradiar luz no sólo la serpiente y la lámpara del hombre a su manera, sino que también el velo de azucena emitió una dulce luz que, como delicado rosicler, coloreó con infinita gracia sus pálidas mejillas y su blanca vestidura. Se miraron mutuamente y se contemplaron con tranquilidad; una segura esperanza hizo que disminuyeran la preocupación y la tristeza.
De ahí que no fuera desagradable que apareciera la vieja mujer acompañada por las dos animosas llamas, que tenían que haber derrochado mucho pues se habían vuelto de nuevo extremadamente estrechas; pero que se comportaron tanto más finamente con la princesa y las otras mujeres. Con la mayor seguridad y muy expresivamente dijeron cosas bastante habituales; se mostraron bastante sensibles para el encanto que el velo luminoso difundía sobre la azucena y sus acompañantes. Modestamente bajaron la vista las mujeres y la alabanza de su belleza las embelleció realmente. Todos estaban contentos y tranquilos menos la anciana. A pesar de que el marido le había asegurado que su mano no podría seguir disminuyendo mientras estuviera iluminada por una lámpara, afirmó más de una vez que, si todo seguía así, este noble miembro de su cuerpo desaparecería por completo antes de medianoche.
El viejo de la lámpara había escuchado atentamente la conversación de los fuegos fatuos y estaba contento de que azucena hubiera sido distraída y alegrada por dicho coloquio. Y realmente se había hecho de noche sin que nadie supiera cómo. El viejo observó las estrellas y comenzó a hablar: ‘Nos hemos reunido en una hora dichosa, cada uno cumpla con su oficio, cada cual cumpla con su deber, y una dicha común disipará los dolores individuales, así como una desgracia común consume las alegrías individuales.’
Luego de estas palabras se produjo un extraño ruido, pues todos los personajes que estaban presentes empezaron a hablar y manifestaron en voz alta lo que tendrían que hacer, sólo las tres doncellas se quedaron calladas; una se había dormido junto al arpa, la otra junto a la sombrilla, la tercera junto al sillón, y no se les podía reprochar esto, pues era tarde. Los ardientes jóvenes, luego de haber dirigido algunas pasajeras cortesías a las servidoras, se consagraron finalmente sólo a la azucena, como que era la más hermosa.
‘Toma el espejo’, dijo el viejo al azor, ‘e ilumina con el premier rayo de sol a las durmientes, ¡y despiértalas con la luz reflejada desde las alturas!’
La serpiente comenzó entonces a moverse, rompió el círculo y se desplazó lentamente, formando grandes círculos, en dirección al río. Solemnemente la siguieron los dos fuegos fatuos, y uno los habría considerado como las más serias llamas. La anciana y su marido tomaron el canasto, cuya dulce luz apenas se había notado hasta ese momento; lo tomaron de los dos lados y se fue haciendo cada vez más grande y luminoso; levantaron en él el cadáver del joven y le pusieron sobre el pecho el canario; el canasto se elevó a las alturas y flotó sobre la cabeza de la anciana y ella siguió a pie a los fuegos fatuos. La bella azucena tomó en sus brazos a Mops y siguió a la anciana, el hombre de la lámpara cerró el cortejo; y la comarca se iluminó de la más extraña manera por todas estas luces.
Pero el grupo, con no pequeño asombro, vio al llegar al río que sobre este se extendía un magnifico arco por medio del cual la benéfica serpiente les preparaba un brillante camino. Si durante el día se había admirado las transparentes piedras preciosas de que parecía compuesto el puente, se contemplaba de noche con asombro su brillante magnificencia. Hacia arriba el círculo luminoso se recortaba claramente sobre el cielo oscuro; pero hacia abajo brotaban vívidos rayos en dirección al centro y mostraban la móvil firmeza de la construcción. El cortejo cruzó lentamente, y el barquero, que desde lejos, desde su choza, miraba, contemplaba con asombro el círculo luminoso y las extrañas luces que se desplazaban por encima de él.
No bien llegaron a la otra orilla, cuando el arco del puente empezó a balancearse a su manera y a acercarse como formando ondas al agua. La serpiente se desplazó de inmediato a tierra, el canasto bajó al suelo; y la serpiente volvió a trazar su círculo; el anciano se inclinó hacia ella y dijo: ‘¿Qué has decidido?’
‘Sacrificarme antes de ser sacrificada.’ Replicó la serpiente; ‘prométeme que no has de dejar ninguna piedra sobre la tierra’.
El viejo lo prometió, y dijo inmediatamente a la bella azucena: ¡Toca la serpiente con la mano izquierda, y a tu amado con la derecha!’ Azucena se arrodilló y tocó la serpiente y el cadáver. En ese instante éste pareció volver a la vida; se movió dentro del canasto, se levantó, se sentó. Azucena quiso abrazarlo, pero el anciano la detuvo, ayudó en cambio al joven a pararse y lo guió para que saliera del canasto y del círculo.
El joven estaba de pie; el canario aleteaba sobre su hombro, había de nuevo vida en ambos, pero el espíritu todavía no había vuelto: el bello amigo tenía los ojos abiertos y no veía, al menos parecía ver todo sin manifestar ningún interés; y en cuanto disminuyó algo el asombro que causaba este suceso, se empezó sólo entonces a notar cuan extrañamente se había transformado la serpiente. Su bello, esbelto cuerpo, se había desintegrado en miles y miles de luminosas piedras preciosas. Por un descuido la anciana, que quería alzar su canasto, había chocado contra el cuerpo de ella, y ya no se veía nada de la forma de la serpiente, sólo quedaba sobre el césped un bello círculo de luminosas piedras preciosas.”[5]

El sacrificio de la serpiente verde da lugar a una serie de eventos que culminan con la aparición de un templo y de un puente que une las dos orillas del gran río. Traducción:

“Como estrellas luminosas y brillantes se fueron las piedras flotando sobre la corriente, y no se pudo distinguir si se perdieron en la lejanía o se hundieron.
‘Señores míos,’ dijo el viejo respetuosamente dirigiéndose a los fuegos fatuos, ‘ahora les muestro el camino y les indico el paso, pero ustedes nos harán el mayor servicio si nos abren la puerta del santuario por la que tenemos que entrar, y que nadie fuera de ustedes puede abrir.’
Los fuegos fatuos se inclinaron respetuosamente y se quedaron atrás. El viejo de la lámpara se adelantó hacia la roca que se abría ante él. El joven lo siguió como mecánicamente, tranquila e indecisa se mantenía azucena a cierta distancia detrás de él; la anciana no quiso quedarse atrás y extendió la mano para que la pudiera iluminar la luz de la lámpara de su marido. Los fuegos fatuos cerraron el cortejo, mientras las puntas de sus llamas se acercaban y parecían hablar entre sí.
No habían andado mucho tiempo cuando el cortejo se encontró ante una gran puerta de bronce cuyas hojas estaban cerradas con un cerrojo de oro. El anciano llamó inmediatamente a los fuegos fatuos, que no se hicieron de rogar mucho tiempo sino que, solícitamente, gastaron con sus más agudas llamas la cerradura y el pasador.
Un fuerte ruido produjo el bronce cuando las puertas se abrieron prontamente y aparecieron en el sagrario las dignas estatuas de los reyes iluminadas por las luces que penetraban. Todos se inclinaron ante los venerables señores, los fuegos fatuos, en especial, no omitieron curvas reverencias.
Luego de una pausa el rey de oro preguntó: ‘¿De donde venís?’. ‘Del mundo,’ contestó el viejo. ‘¿Adónde vais?’ preguntó el rey de plata. ‘Al mundo,’ dijo el viejo. ¿Para qué nos queréis a nosotros?’ preguntó el rey de bronce. ‘Para acompañaros,’ dijo el viejo.
El rey hecho de mezcla quiso empezar a hablar en este momento, cuando el de oro dijo a los fuegos fatuos, que se habían acercado demasiado a él: ‘¡Apartaos de mí, mi oro no es para vuestro gaznate!’. Se volvieron entonces hacia el de plata y se estrecharon contra él, sus vestiduras brillaban bellamente bajo el reflejo amarillento. ‘Bienvenidos,’ dijo él, ‘pero no os puedo alimentar, ¡nutríos fuera y traedme vuestra luz!’ Se alejaron y se deslizaron delante del de bronce, que pareció no notarlos, hacia el que estaba formado por una mezcla. ‘¿Quién ha de dominar el mundo?’ exclamó éste con voz temblorosa. ‘El que se pare sobre sus pies,’ contestó el viejo. ‘¡Ese soy yo! Dijo el rey mezclado. ‘Se producirá la revelación,’ dijo el viejo; ‘pues ya es tiempo.’
La bella azucena se arrojó al cuello del anciano y lo besó muy afectuosamente. ‘Santo padre,’ dijo, ‘mil veces te agradezco, pues por tercera vez escucho las misteriosas palabras.’ No bien hubo terminado de hablar cuando se asió todavía con más fuerza del anciano, pues el suelo empezó a temblar bajo sus pies; también la anciana y el joven se sostenían mutuamente, sólo los movedizos fuegos fatuos no notaron nada.
Se podía sentir claramente que todo el templo se movía como un barco que suavemente se aleja del puerto cuando se han levado las anclas; las profundidades de la tierra parecían abrirse ante él mientras avanzaba. No chocaba contra nada, ninguna roca se le atravesaba en el camino.
Por unos pocos instantes una fina lluvia pareció penetrar por la abertura de la cúpula, el viejo sostuvo con más fuerza a la azucena y le dijo: ‘Estamos bajo el río, y pronto llegaremos a la meta.’ No pasó mucho tiempo hasta que creyeron detenerse, pero se engañaban: el templo ascendía.
En ese momento se produjo un raro estruendo por encima de sus cabezas. Tablas y vigas, en enorme confusión, comenzaron a penetrar ruidosamente por la abertura de la cúpula.
(…) Por una escalera que surgía desde adentro, apareció entonces en lo alto el noble joven; el hombre de la lámpara lo iluminaba, y otro parecía sostenerlo, otro que se asomaba con una corta vestidura blanca y que tenía en la mano un remo de plata; pronto se reconoció en él al barquero, que antes era el habitante de la choza transformada.
La bella azucena subió por las gradas exteriores que llevaban del templo al altar; pero todavía tenía que mantenerse a la distancia de su amado. La anciana, cuya mano, mientras la lámpara había estado oculta, se había achicado más y más, exclamó: ‘¿He de seguir siendo desdichada? ¿En medio de tantos milagros, no hay un milagro que pueda salvar mi mano?’. El marido le señaló la puerta abierta y dijo: ‘¡Mira, amanece, apresúrate y báñate en el río!’ -‘¡Qué consejo!’ exclamó ella, ‘me he de poner totalmente negra y he de desaparecer por completo; pues todavía no he pagado mi deuda!’ –‘¡Anda’, dijo el viejo, ‘y sígueme! Todas las deudas están ya saldadas.’
La anciana se alejó de prisa y en ese momento apareció la luz del sol que amanecía sobre la cresta de la cúpula; el viejo se puso entre el joven y la virgen y gritó con fuerza: ‘Tres son los que dominan en la tierra: la sabiduría, el esplendor y el poder.’ Al decir la primera palabra se paró el rey de oro, con la segunda el de plata, y con la tercera se había levantado lentamente el de bronce, cuando el rey hecho de mezcla de pronto se sentó torpemente.
Quien lo veía, a pesar de la solemnidad del momento, apenas podía contener la risa, pues no estaba sentado, no yacía, no se apoyaba, sino que se había desplomado sin forma alguna.
Los fuegos fatuos, que hasta ese momento se habían ocupado de él, se hicieron a un lado. Aunque se los veía pálidos a la luz matinal, parecían estar de nuevo bien alimentados y tener una buena llama; hábilmente habían sorbido las vetas de oro de la estatua colosal con sus agudas lenguas, hasta lo más íntimo de ella. (…)
El hombre de la lámpara hizo entonces que el joven bello, pero que todavía miraba fijamente delante de sí, bajara del altar y se dirigiera directamente hacia el rey de bronce. A los pies del poderoso príncipe había una espada en una vaina de bronce. El joven se la colgó. ‘La espada a la izquierda, ¡la derecha libre! Exclamó el poderoso rey. Se dirigieron después hacia el de plata, que inclinó su cetro en dirección al joven. Este lo tomó con la mano izquierda, y el rey dijo con complaciente voz: ‘¡Apacienta las ovejas!’. Cuando fueron hacia el rey de oro, él, con ademán de bendición paterna, impuso al joven sobre la cabeza la corona de roble, y habló: ‘¡Reconoce el bien supremo!’.
Mientras ocurría esto el viejo había observado detenidamente al joven. Luego de que se colgó la espada, se le levantó el pecho, se le movieron los brazos y sus pies pisaron con más firmeza; mientras tomaba con la mano el cetro pareció atenuarse la fuerza y aumentar más por medio de un inefable encanto; pero cuando la corona de roble adornó sus rizos, se le animó la expresión del rostro, le brillaron los ojos con un inefable espíritu, y la primera palabra de su boca fue ‘azucena’.
‘¡Querida azucena!’ exclamó cuando vio que ella venía subiendo por la escalera de plata, pues desde el borde superior del altar ella había estado atenta a su viaje, ‘¡querida azucena!, ¿el hombre, dotado de todo, qué otra cosa más preciosa puede desear que la inocencia y el sereno afecto que me trae tu pecho? -¿Oh!, amigo mío,’ prosiguió él mientras se dirigía al anciano y contemplaba las tres estatuas sagradas, ‘magnífico y seguro es el reino de nuestros padres; pero has olvidado la cuarta fuerza, que es anterior, más general y domina el mundo más seguramente: la fuerza del amor’. Al decir estas palabras se arrojó al cuello de la bella muchacha; ella se había quitado el velo, y sus mejillas se colorearon con el más bello, con imperecedero rubor.
El anciano dijo entonces sonriendo: ‘El amor no domina, pero forma, y esto es más.’”[6]

[5] Ibid., p. 98-100.
[6] Ibid., p. 100-104.

martes, 12 de mayo de 2009

INICIACIÖN (I)

INICIACIÓN (I)

En la vida humana no es raro ver y no ver, oír y no oír. La piedra angular pasa a nuestros ojos como un vulgar pedrusco. Este es el caso de la tradición oral y los cuentos que reflejan veladamente la sabiduría ancestral del animal humano. Sabiduría codificada de esa manera desde la insondable noche de los tiempos. Un cuento es en potencia un mito y viceversa. Una lejana luz que ilumina por unos instantes el oscuro abismo de la díada instinto-intelecto.
Goethe es el hombre que creó el mito del hombre fáustico: el que le vende su alma al diablo por la plenitud sensorial y… la Belleza. Goethe es también el autor del cuento de la Serpiente Verde y la Flor de Lis. Este mito del hombre de todas las épocas es un primer paso hacia la iniciación.
Según Rudolf Steiner, el cuento de Goethe refleja fielmente la evolución y la esencia del alma humana.[1] Siempre según Steiner, Goethe afirma que todo hombre tiene del mundo su propia representación particular en la que el significante siempre es diferente pero el significado es siempre el mismo. El significado es siempre el mismo porque la realidad objetiva es siempre la misma. Lo que varía es la facultad cognoscitiva individual.
Iniciar significa entonces elevar la facultad cognoscitiva para alcanzar una visión más profunda del mundo. El rasgo predominante de la obra de Goethe es el principio de la iniciación o principio del conocimiento en evolución. En este sentido el cuento de la Serpiente Verde es paradigmático.
Goethe rechaza absolutamente la idea de un conocimiento fundado exclusivamente sobre la representación mental, el pensamiento abstracto. Este es un rasgo esencial de su naturaleza: para descifrar el enigma del mundo el hombre debe ejercer toda su alma y sus facultades.
Para realizarse, el hombre debe aislar lo arbitrario de sus intenciones personales. Su esencia determina la dirección de su pensamiento y de su acción cuando el objeto no despierta ni simpatía ni antipatía y se refleja puramente en su pensamiento y sentimiento. Es por esto que Goethe introduce en su cuento los representantes de esas tres formas de iniciación:

El Rey de Oro: iniciación al conocimiento por el pensamiento.
El Rey de Plata: iniciación al conocimiento por el sentimiento objetivo.
El Rey de Bronce: iniciación al conocimiento por la voluntad.

Los cuentos nacen de la misma fuente que los mitos de las antiguas religiones. Jamás son elaborados por el pensamiento. Son los últimos vestigios de una arcaica clarividencia. Confrontado con el enigma de una parábola o un cuento, el hombre despierta una facultad perdida: la conciencia imaginativa. Imaginación que encierra la clave de ciertos enigmas de la vida.
En su cuento, Goethe presenta una síntesis de los fundamentos de la corriente de pensamiento esotérica y predice una nueva época de sabiduría en la que la riqueza espiritual estará al alcance de todos. He aquí una descripción esquemática del cuento seguida del texto original. Una noche de tormenta dos Fuegos Fatuos llegan a la orilla de un gran río. Allí encuentran un Barquero que los transporta al otro lado del río. El Barquero rechaza el oro que le ofrecen en pago y exige ser pagado con repollos, alcachofas y cebollas. El Barquero lanza el oro por una falla o fisura en la tierra en donde vive la Serpiente Verde quien, al comerse el oro, deviene luminosa y transparente. Veamos ahora la traducción del texto original en alemán por Oscar Caeiro:

“Junto al gran río, que acababa de crecer y de desbordarse por una fuerte lluvia, yacía en su pequeña choza, cansado por el esfuerzo del día, el viejo barquero, y dormía. En medio de la noche lo despertaron algunas voces fuertes; oyó que unos viajeros querían ser pasados al otro lado.
Cuando salió a la puerta vio dos grandes fuegos fatuos que flotaban sobre el bote que estaba atado al muelle y que le aseguraron que tenían mucho apuro y que deseaban estar ya en la otra orilla. El viejo no dudó; empujó el bote y atravesó el río con su habitual habilidad; entretanto los extraños cuchicheaban en un lenguaje desconocido y muy rápido, de tanto en tanto prorrumpían en una sonora carcajada; y saltaban ya sobre los bordes y bancos, ya sobre el piso del bote, de un lado para el otro.
‘¡El bote se balancea!’ gritó el viejo; ‘si sois tan inquietos, se puede tumbar, ¡sentaos, luces!’
Esta orden les arrancó una gran carcajada; se burlaron del anciano y estuvieron todavía más inquietos que antes. Él soportó con paciencia sus malos modales y llegó pronto a la otra orilla.
‘¡Aquí tenéis por la molestia que os habéis tomado!’ exclamaron los viajeros y, mientras se sacudían, cayeron muchas resplandecientes monedas de oro en el húmedo bote. ‘¡Por Dios, qué hacéis?’ gritó el viejo, ‘¡Me causáis la mayor desgracia! Si se cayera una sola moneda al agua el río, que no puede tolerar a este metal, se levantaría formando horribles olas, me devoraría a mí y devoraría el bote. ¡Y quién sabe qué habría sido de vosotros¡ ¡Recoged de nuevo vuestro dinero!’
‘No podemos recoger nada que hayamos sacudido’ replicaron aquellos.
‘Entonces me causáis todavía la molestia,’ dijo el viejo mientras se agachaba y juntaba en su gorra las monedad de oro, ‘de tener que recogerlas, llevarlas a tierra y enterrarlas.’
Los fuegos fatuos habían saltado del bote y el viejo gritó: ‘¿Dónde está mi paga?’
‘¡El que no acepta oro, que trabaje de balde!’ exclamaron las luces malas. –‘Tenéis que saber que a mí sólo se me puede pagar con frutos de la tierra.’ -¿Con frutos de la tierra? Los despreciamos y nunca hemos gustado de ellos.’ –‘Y sin embargo no puedo dejaros ir antes de que me prometáis entregarme tres repollos, tres alcachofas y tres cebollas grandes.’
Los fuegos fatuos, bromeando, quisieron escabullirse; pero se sintieron indescriptiblemente atados al suelo; fue la más desagradable sensación que hayan tenido jamás. Prometieron satisfacer a la brevedad la exigencia de él; los dejó ir y desatracó el bote. Ya se había alejado bastante cuando le gritaron: ‘¡Eh viejo! ¡Oíd viejo! ¡Hemos olvidado lo más importante!’. Él estaba lejos y no los oía. Se había dejado llevar aguas abajo por el mismo lado del río, a un lugar escarpado que nunca podía ser alcanzado por el agua y donde pensaba enterrar el peligroso oro. Allí, entre altas rocas, encontró un abismo enorme, arrojó el oro adentro y regresó a su choza.
En dicho abismo se encontraba la bella serpiente verde que, al oír el ruido que producían las monedad al caer, despertó de su sueño. No alcanzó a ver los luminosos discos cuando ya en el acto, y con gran avidez, los devoró; y buscó todas las monedas que se habían desparramado entre los matorrales y entre las grietas de las rocas.
No bien estuvieron tragadas, sintió ella, con la más agradable sensación, cómo el oro se derretía en sus entrañas y se difundía por todo su cuerpo, y para gran alegría suya notó que se había vuelto transparente y luminosa.” [2]

Gracias a la Serpiente Verde, los Fuegos Fatuos aprenden que la Bella Lilia, el objeto de su búsqueda, se encuentra en la otra orilla del gran río. Sólo hay dos formas de cruzar el río en sentido opuesto: cuando la serpiente se tiende de orilla a orilla en horas del mediodía, y de noche en la sombra del Gigante. Después que la Serpiente se ofrece a conducirlos de vuelta al mediodía, se introduce en una gruta en la que habitan cuatro estatuas reales. Las tres primeras están hechas respectivamente de oro, de plata y de bronce. La cuarta está compuesta de la mezcla de los tres metales. En ese momento llega a la gruta un viejo que lleva una lámpara. Él conoce tres secretos de los cuales el más importante es aquél que no se oculta, que se manifiesta. Pero no puede revelarlos hasta que conozca el cuarto secreto. Caeiro:

“Se creía capaz de iluminar con su propia luz esta maravillosa bóveda subterránea, y esperaba llegar a conocer perfectamente, de una sola vez, estos extraños objetos. Se apuró y pronto encontró en el camino de costumbre las grietas por las que solía deslizarse dentro del santuario.
Una vez que se encontró en el lugar miró con curiosidad a su alrededor, y aunque su brillo no podía iluminar todos los objetos de la rotonda, pudo ver con bastante claridad los que estaban más cerca. Con asombro y reverencia levantó la vista hacia un resplandeciente nicho en el que se encontraba la estatua de un venerable rey en oro puro. Según su medida era mayor que el tamaño humano, pero la figura humana que representaba era más bien la de un hombre pequeño, que no grande. Su cuerpo bien formado estaba cubierto por una sencilla capa, y una guirnalda hecha con ramas de roble apretaba sus cabellos.
Apenas había la serpiente comenzado a contemplar esta venerable estatua, cuando el rey empezó a hablar y preguntó: ‘¿De donde vienes?’-‘De las cimas,’ replicó la serpiente, ‘en las que habita el oro.’ –‘¿Qué es más magnífico que el oro?’ preguntó el rey. ‘La luz.’ Contestó la serpiente. ‘¿Qué es más reconfortante que la luz?’ preguntó aquél. ‘La conversación,’ contestó esta.
Mientras estaban hablando ella había mirado de reojo hacia el próximo nicho y había visto otra estatua magnífica. En este se encontraba un rey de plata de cuerpo esbelto y más bien escuálido, estaba cubierto con vestiduras muy adornadas, tenía adornados con piedras preciosas la corona, el cinturón y el cetro; tenía la alegría del orgullo en su rostro y parecía disponerse a hablar cuando, de pronto, una veta oscura que corría por la pared de mármol se iluminó de pronto y difundió una luz agradable por todo el templo. Con esta luz la serpiente vio al tercer rey que, con su enorme figura de bronce, estaba sentado, se apoyaba sobre su maza, estaba adornado con una corona de laurel y parecía ser más una roca que un hombre. Quiso ver en dirección hacia el cuarto, que estaba a gran distancia de ella, pero el muro se abrió debido a que la veta iluminada zigzagueó como un relámpago y desapareció.
Un hombre de mediana estatura, que salió en ese momento, atrajo hacia sí la atención de la serpiente. Estaba vestido como un campesino y llevaba en la mano una pequeña lámpara cuya quieta llama uno sentía placer de mirar y que, de un modo maravilloso, sin arrojar ni una sola sombra, iluminaba toda la catedral.
‘¿Por qué vienes, si nosotros tenemos luz?’ preguntó el rey de oro. –‘Sabéis muy bien que no me está permitido iluminar lo oscuro.’ – ‘¿Termina mi reino?’ preguntó el rey de plata. ‘Tarde o nunca.’ Replicó el viejo.
Con voz fuerte empezó a preguntar el rey de bronce: ‘¿Cuándo me levantaré?’. ‘Pronto’ replicó el anciano. ‘¿Con quien debo unirme?’ preguntó el rey. ‘Con tu hermano mayor,’ dijo el anciano. ‘¿Qué pasará con el menor?’ preguntó el rey. ‘Se sentará,’ dijo el anciano.
‘No estoy cansado,’ exclamó el cuarto rey con una voz áspera, balbuceante.
Mientras aquellos hablaban, la serpiente se había deslizado quedamente por el templo, había contemplado todo y observaba ahora desde cerca al cuarto rey. Estaba apoyado en una columna y su considerable corpulencia era más bien pesada que bella. Sólo que el metal del que estaba hecha su estatua no se podía distinguir bien. Observándolo bien era una mezcla de tres metales, de los tres de los que estaban formados sus hermanos. Pero parecía que al fundirse estas materias no se habían combinado bien: vetas de oro y plata pasaban irregularmente a través de una masa de bronce y daban a la estatua un aspecto desagradable.
Entretanto el rey de oro dijo al hombre: ‘¿Cuántos secretos sabes?’ –‘Tres,’ replicó el anciano. ‘¿Cual es el más importante?’ preguntó el rey de plata. ‘El que está patente,’ replicó el anciano. ‘¿Quieres revelárnoslo también a nosotros?’ preguntó el de bronce. ‘En cuanto sepa el cuarto,’ dijo el anciano. ‘¡Que me importa a mí!’ murmuró el agazapado rey.
‘Yo sé el cuarto,’ dijo la serpiente, se acercó al viejo y le susurró algo al oído. ‘¡Ya es tiempo!’ exclamó el anciano con fuerte voz. El templo resonó, las columnas metálicas también produjeron un sonido, y en ese instante el anciano se hundió hacia el oeste y la serpiente hacia el este, y cada uno atravesó a gran velocidad el abismo de rocas. “[3]

Tiempo después, un grupo formado por la esposa del viejo, los dos fuegos fatuos, un joven caballero y la serpiente verde llegan al jardín de Lilia. En un arrebato de pasión el caballero muere al intentar abrazarla. El contacto con la bella lo mata al instante. Traducción de Caeiro:

“ ‘Sea de ello lo que fuere’, dijo la serpiente mientras proseguía la conversación interrumpida, ‘el templo ya está edificado.’
‘Pero todavía no está junto al río,’ replicó la belleza.
‘Todavía descansa en las profundidades de la tierra,’ dijo la serpiente, ‘he visto a los reyes y he hablado con ellos.’
‘Pero, ¿Cuándo se levantarán? Preguntó azucena.
La serpiente replicó: ‘Oí resonar en el templo las grandes palabras: ‘Ya es tiempo’.
Una admirable alegría se extendió por el rostro de la belleza. ‘Pues si hoy escucho’, dijo, ‘por segunda vez las felices palabras; ¿cuándo será el día en que las escuche tres veces?’
Se levantó, y en el acto salió del soto una encantadora doncella que le tomó el arpa. Le siguió otra que plegó la silla de marfil labrado sobre la que había estado sentada la belleza, y que tomó bajo el brazo el almohadón de plata. Una tercera, que llevaba una gran sombrilla bordada con perlas, se mostró de inmediato, a la espera de si azucena necesitaba de elle en su paseo. Estas tres doncellas eran bellas y encantadoras más de lo que se puede expresar, y sin embargo aumentaban más todavía la belleza de la azucena, pues todos tenían que reconocer que no se podían en absoluto comparar con ella.
Con complacencia había contemplado entretanto la bella azucena al maravilloso Mops. Se inclinó, lo tocó, y en ese instante él dio un salto. (…) Esta alegría, estas agradables jugarretas, fueron interrumpidas por la llegada del joven triste. Entró tal como lo conocemos; sólo que parecía que el calor del día lo había extenuado todavía más, y, en presencia de la amada, se fue poniendo, a cada momento, más y más pálido. Tenía en la mano en azor que estaba serenamente posado como una paloma y dejaba colgar las alas.
‘No es muy amistoso de tu parte,’ exclamó azucena, ‘que me pongas ante los ojos el odioso animal, el monstruo que ha matado hoy a mi pequeño cantor.’
‘¡No increpes al desdichado pájaro!’ replicó el joven; ‘acúsate más bien a tí misma y al destino, y concédeme que haga compañía al camarada de mi miseria.’
Entretanto Mops no dejaba de acariciar a la belleza, y ella respondía al transparente preferido con el más amistoso comportamiento. Palmoteaba para ahuyentarlo; luego corría para atraerlo de nuevo a sí. Trataba de atraparlo cuando se escabullía, y lo echaba de sí cuando él intentaba estrecharse contra ella. El joven contempla esto en silencio y con creciente disgusto, pero, finalmente, cuando ella tomó en sus brazos al feo animal, que a él le resultaba decididamente repugnante, lo oprimió contra su blanco pecho, y besó con sus celestiales labios el negro hocico, él perdió la paciencia y exclamó lleno de desesperación: ‘Yo. Que por un triste destino tengo que vivir en tu presencia separado quizá para siempre, que al perderte a tí me he perdido a mí mismo, he perdido todo, ¿tengo yo que ver con mis ojos que un engendro tan contrahecho te dé alegría, suscite tu afecto y pueda gozar de tus abrazos? He de seguir por más tiempo yendo de un lado para el otro y como trazando un triste círculo desde el río y hacia el río? ¡No, todavía hay en mi pecho una chispa del viejo heroísmo; en este instante se levanta y forma la última llama! Si las piedras pueden descansar en tu pecho, que me transforme en piedra; si tu contacto mata, quiero morir en tus manos.’
Al decir estas palabras hizo un movimiento violento, el azor voló de su mano, pero él se precipitó hacia la belleza; ella extendió la mano para detenerlo y lo tocó así más pronto. El perdió la conciencia, con horror, ella sintió sobre su pecho la bella carga. Dando un grito se apartó de ella, y el querido joven se desplomó exánime por entre los brazos de ella sobre la tierra.
¡Había ocurrido la desgracia!”[4]


[1] Steiner, Rudolf, L’esprit de Goethe, Alice Sauerwein, Paris, 1926. Traduction de Germaine Claretie.
[2] Goethe, Johan Wolfgang, Conversaciones de los emigrados alemanes, Goncourt, Buenos aires, 1979. Traducción y epílogo de Oscar Caeiro.
[3] Ibid., p. 86.
[4] Ibid., p. 95-96.

martes, 14 de abril de 2009

Performance 2009

PERFORMANCE 2009

Con este artículo estoy realizando una ‘competencia’ (conocimiento de algo por contacto sensorial con el medio ambiente psíquico y físico). No soy ni político ni historiador. Es mi opinión personal: la sola autoridad que me confiere ser una gota más de este charco…

DESCRIPCIÓN DE MI PENSAMIENTO LIBRE EN SU ENTORNO NATURAL SUBJETIVO

Si puede permanecer –como un gesto onírico- en tu intimidad, mejor. Porque, aunque justas, estas palabras reflejo de nuestra imperfecta Venezuela, son violentas. La violencia es el camino de la perdición.

ESTA PSEUDO REVOLUCIÓN

Esta pseudo revolución esconde un absceso cancerígeno en metástasis terminal. Una podredumbre como la de Herodes el Grande. Venezuela bajo Hugo Chávez (HCH) no es un país sano sino uno pervertido:

“¿Te gustó el pernil de PDVAL? Te gustó el bono tal o cual? Siempre te amaré, si me vendes tu alma…”

Porque sus fundamentos morales han sido abolidos por un demagogo comprador, un falso idealista con la excusa de reivindicar los derechos de los pobres. ¿Qué futuro tiene un país así? La resaca etílica mortal. Porque el proyecto de HCH es sólo un carnaval de ilusiones subvencionadas por PDVSA. Al final del exceso carnavalesco no queda sino la depresión física y moral y a veces la muerte por contagio. El Pueblo (el de bajos recursos económicos y culturales) con su fuerza electoral condena al país al suicidio. Los chavistas están construyendo el peor país del mundo, hermano de Zimbabwe y Cuba, de Liberia y del Congo, de Irán, Corea del Norte y Belarus. Países sucursales del Infierno.

LOS HIPÓCRITAS CHAVISTAS NO SON DIGNOS DE HABER NACIDO EN UN PAÍS LIBRE

El hombre no puede dejar de ser libre sin dejar de ser hombre. Entre el Comprador y los hipócritas se instala una simbiosis inmoral. Porque los hipócritas nacieron en un país libre pero prefirieron volver atrás a lo primitivo sin libertad individual adormecidos por el canto de sirena del Falso Idealista. El que cree saber que todo lo humano tiene el límite de su precio contante y sonante.
Los cubanos son esclavos de la voluntad de un solo hombre. Los chavistas gozan de la Libertad de Venezuela pero anhelan el comunismo cubano que hermanó todas las clases sociales de Cuba en una sola: la de los animales de granja.
¡Venezuela! ¡Quieren convertirte en una Cuba y lo van a lograr si no nos oponemos todos los hombres libres de una manera contundente!

UN PECADO MORTAL CONTRA EL ESPÍRITU HUMANO

El Demagogo díce amar al ‘Pueblo’. Lo que hace es pervertirlo haciéndole ver que hay maneras más efectivas de obtener dinero que el trabajo honesto y dedicado. Lo hace cómplice de su robo ultramillonario. Detrás de este ‘amor’ yace la verdad. HCH protege a los más desvalidos a cambio de la renuncia total al derecho de la individualidad libre. A pensar (y disentir), sentir (amar y odiar) y a poseer una voluntad de acción propia. El socialismo de HCH está fundamentado en la ausencia de una voluntad de pensamiento, sentimiento y acción diferente a la suya. Esto conduce como un embudo a la muerte de la individualidad libre: un pecado mortal contra el espíritu humano.

VENEZUELA ES MÁS PEQUEÑA QUE ANDORRA

En términos de pensamiento político y creatividad HCH es un ser insignificante. Centró su ambición de poder en el deseo de transformación instantánea de los más humildes. Transformación sin esfuerzo ni dedicación como suele imaginarla cualquier borracho, ocioso y patiquín de esquina. La metamorfosis instantánea no existe en nuestro mundo sublunar. Sólo existe la lúdica anarquía convencionada y tolerada del Carnaval. Pero esa transformación es sólo un disfraz.
Para gobernar toda su vida HCH necesita convertir el río manso en uno revuelto. Eso lo hace desde ya merecedor de un nicho en el panteón del crimen internacional. Por conspiración. A HCH la nación “Venezuela” le importa un bledo. Porque no tiene conciencia de nación. No vá más alla de su permanencia en el poder gracias a la división, al odio y la desconfianza entre los venezolanos. Este es el pecado mortal de todos los déspotas: dividir para vencer. Por eso hoy más que nunca Venezuela es más pequeña que Andorra.

PARA UNIR AL PAÍS

Para unir a Venezuela sólo hace falta un líder independiente que mejore lo hecho por HCH en el plano social –lo cual es muy fácil- en base a un verdadero enfoque ontológico de la Nación como entidad espiritual. De un ‘Todo’ en el que cualquier individuo es esencial. Esto es imposible para un ‘vivo’, epítome de lo binario. Es posible para un hombre con cierta ‘Cultura’.


DESCRIPCIÓN DE MI PENSAMIENTO LIBRE EN UN CONTEXTO VOLUNTARIAMENTE OBJETIVO


Pienso en estos diez años y en lo que viene. Escribo estas palabras como un náufrago desvalido, como un Dante escapado de la tempestad entre el instinto y el intelecto, de la guerra cósmica entre la luz y la oscuridad. En el fondo de esta botella hay un mensaje que dice: “Desde el infinito de mi pensamiento libre hasta el infinito del pensamiento libre de la Nación “Venezuela”.

¿Un fenómeno desconocido está destruyendo a Venezuela? No. Es sólo la naturaleza humana en evolución. El hombre debe ser libre para realizar él mismo su ideal de dignidad. Pero ese ideal se esfuma en la figura del Demagogo que divide para vencer. Es necesario ver el país como una entidad en constante evolución. Una unidad triple formada por un alma, un cuerpo y un espíritu. De la cohesión de las diferentes partes que la constituyen depende su salud e impulso vital. Pero precisamente, el motor que impulsa su desarrollo es el conflicto del hombre libre con el orden establecido. Veamos que dice Victor Turner en su brillante paradigma de The Anthropology of Performance.



LA ANTROPOLOGÍA DE LA ESPECTACULARIDAD

Siempre según Turner, la esencia de la postmodernidad es el Performance (movida, acción, ejecución) que activa el ‘Drama Social’ y da lugar a un proceso creador de sentido. Soportemos la teoría por unos instantes.[1]
La época moderna fue un período de cinco siglos (XV al XX) caracterizado por un racionalismo progresivo cuya fuente es el descubrimiento de la Perspectiva por los pintores del Renacimiento. El Postmodernismo es entonces el polo opuesto del Modernismo porque a la rígida estructura tridimensional racionalista[2] le opone la dimensión de la psique individual con todas las particularidades que no corresponden al canon ideal de las normas establecidas.
La dinámica social es comparable a un drama: un Drama Social. Turner utilizó la terminología teatral para describir crisis y conflictos. Estas crisis son dramáticas porque sus protagonistas se representan a sí mismos ante los demás y su actitud es deliberadamente espectacular. Para otros sociólogos (E. Goffman) el mundo de la interacción social es un escenario teatral y está lleno de actos rituales. Cuando alguien asciende en la escala social lo lleva a cabo ceremonial o ritualmente. Este cambio es aceptado o bloqueado. En ambos casos surge una crisis porque cualquier cambio de status implica un reajuste del esquema social completo. Este reajuste se realiza ceremonialmente o sea teatralmente. Para Turner el ritual es una acción (Performance) transformativa que revela las más importantes clasificaciones, categorías y contradicciones de los procesos culturales.
Las fases del Drama Social son: 1) Brecha, 2) Crisis, 3) Acción de Reajuste y 4) Cisma o Reintegración.
La fase dramatúrgica comienza cuando surgen las crisis en el flujo cotidiano de la interrelación social. Si la vida diaria es un tipo de teatro, el Drama Social es un tipo de metateatro: un lenguaje dramatúrgico sobre el lenguaje de la interpretación de roles ordinarios y el mantenimiento del status que constituyen la comunicación en el proceso social cotidiano. Cuando los protagonistas del Drama Social desean mostrarle a los demás lo que hacen o han hecho devienen reflexivos. Reflexividad (Ch. Hockett) es la capacidad de comunicar sobre el sistema mismo de comunicación. Turner y Goffman enfatizan el proceso y las cualidades procesales [temporales] : acción, escenificación, plan, acción de reajuste, crisis, cisma o reintegración. Este énfasis es el ‘giro postmoderno’ en antropología (…) e implica la procesalización del espacio, su temporalización, en oposición a la espacialización del proceso o tiempo que constituye la esencia de lo moderno.
Cuando Turner habla de oposición entre lo moderno y lo postmoderno se refiere a que una visión sintética y procesal se impone a una perspectiva analítica o estructuralista. La visión sintética sólo es posible a partir de un alineamiento del proceso cultural global con su foco generador de sentido: el performance reflexivo de todos los individuos que comunican y se interrelacionan en una sociedad.
La teoría postmoderna vería en las propias imperfecciones, vacilaciones, factores personales, los componentes situacionales del performance (incompletos, elípticos, contexto-dependientes) las claves del proceso humano mismo. Tambien percibe genuina novedad, creatividad, capaz de emerger de lo que Durkheim llamó ‘efervescencia social’ tomando como modelo la generación de nuevos símbolos y significados por las acciones públicas o performances de la Revolución Francesa.
En oposición a la formulación idealista clásica del racionalismo que antepone el intelecto al sentimiento o la estructura al proceso también existe una tendencia a considerar que los elementos socioculturales y la gente están en continuo flujo y transformación (Cf. Heráclito). Sin embargo, tambien en un proceso transformativo se manifiesta el impulso natural hacia el orden y la armonía, hacia el Logos. Este impulso intenta transformar la variabilidad humana desde el caos puro y la desconexión en un proceso con significado. Este precisamente es el objeto de la tercera fase del Drama Social, la Acción de Reajuste, y lo que en las culturas desarrolladas llevan a cabo los géneros preformativos.
El individuo total y libre es el performance que genera el Drama Social . El medio sociocultural está en constante flujo y transformación. Por eso hay que enfocar lo universal en el hombre. Existe una ‘Comunidad humana integral’ que surge de la relación entre las totalidades y cuyo foco central es el dialogo entre ‘Yo’ y ‘Tu’ y el ‘Nosotros esencial’ de Martin Buber. La dinámica de atracción y repulsión que gira en torno a la realización histórica de esta ‘Comunidad humana’ hace del drama del hombre total la unidad tanto de la historia como de la antropología.
El hombre es un animal racional, constructor de herramientas, constructor de sí mismo, manipulador de símbolos. Es un animal ‘performante’ o espectacular no en el sentido de un animal de circo sino de su condición de ser social ‘autoperformante’o autorepresentativo. Su acción es reflexiva: al actuar se revela a sí mismo. Esto sucede individual y colectivamente.
El proceso [psique, sentimiento, tiempo] es un todo, una Gestalt. La estructura es un efecto segregado por la causa que es el proceso y los performances, particularmente los dramáticos, son la manifestación por excelencia del proceso social mismo.
El performance que genera el Drama Social es lo que W. Dilthey llama ‘experiencia de la vida’ en el desarrollo de las filosofías e interpretaciones de la vida que él llamó ‘concepciones del mundo’. La experiencia es un sistema coherente y dependiente de la interacción e interpenetración de la cognición, del afecto y de la voluntad. Esta experiencia está formada por la vida interior y exterior del hombre, por la sabiduría acumulada de la humanidad que da forma y modela la experiencia colectiva. El individuo adquiere y se integra a esta sabiduría que es la síntesis del pensamiento, del sentimiento y de la voluntad al participar mediata e inmediatamente a través de los 'géneros performativos' en dramas socioculturales.
Es precisamente en el Drama Social que las concepciones del mundo se hacen visibles, aunque parcialmente como factores que dan sentido a lo que aparentemente no lo tiene.
El Drama Social en su desarrollo formal total es un proceso de conversión de valores y fines particulares en un sistema de sentido compartido y consensual.

¿CÓMO ES LA COSA?
Como lo hemos visto, el Drama Social es el proceso natural a través del cual el hombre da a luz el poco sentido que hay en este mundo. Creación de sentido desde lo mental y orgánico hasta lo social, político y cultural. El hombre mismo, en el caos de su pensamiento, de su sentimiento y de su voluntad, bajo la pulsión del deseo de preservación, de sexo y de poder y constreñido por la tiranía de la lógica por un lado y de la naturaleza por el otro, es el hacedor –quiéralo o no- de su propio destino de felicidad o de sufrimiento. Tiempo. Ciclos (todo es recurrente porque la naturaleza humana es universal). Evolución hacia la realización del ideal de la dignidad humana. Este es el tema principal de las ‘Cartas sobre la educación estética del hombre’ de Schiller, el poeta de la Libertad. El mismo tema de un cuento de Goethe que tendremos el placer de describir esquemáticamente.

¿CUAL ES EL NUEVO RITUAL QUE SELLA LA BRECHA QUE SEPARA EL PASADO DEL PRESENTE, EL INSTINTO DEL INTELECTO Y LA MANO IZQUIERDA DE LA MANO DERECHA?

En mi laica opinión existen tres alternativas ante la sociedad venezolana en estado de crisis, de brecha profunda. Tres posibilidades que el macrocosmos le ofrece al caótico microcosmos humano: 1) Refundación, 2) Revolución y 3) Iniciación.
La Refundación es la reunificación de lo separado mediante un nuevo ritual que sacraliza la sempiterna búsqueda de la dignidad humana en la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad.
La segunda Acción de Reajuste propuesta es la Revolución. Las revoluciones son en principio fines de ciclos y comienzos de proceso. Los procesos no cambian porque la condición humana es universal, o sea, fijada por la (Grande) Naturaleza. Lo que cambia en esa nueva búsqueda de la dignidad del hombre es precisamente el mundo interior del alma individual. La única revolución posible para los venezolanos es la revolución cultural por aquello de la Moral y de la Luz de grato eco bolivariano. La revolución cultural realiza la unión de contrarios mediante una gesta ideal universal.
La tercera Acción de Reajuste es la Iniciación. El conocimiento de sí mismo. La última aventura del hombre libre. La Iniciación no parece posible en nuestra época racionalista y científica. No porque no sea una opción válida sino porque el hombre de hoy perdió la fe en el espíritu y no se conoce sino como cuerpo y alma.

REFUNDACIÓN
Solo mediante un nuevo ritual que une lo separado

En Venezuela se está realizando un proceso a largo plazo de perversión de la dignidad del individuo libre. Porque el poder está en manos de hombres sin ética quienes a cubierto de una supuesta visión socialista que buscaría redimir a la clase trabajadora lo que hacen es modelar –literalmente- al trabajador como un ser anodino sin iniciativa propia. Un ser que sólo puede sobrevivir en medio del conflicto económico, político, jurídico y ético creado por los dirigentes pseudo socialistas si se adhiere como un borracho a la voluntad de un solo hombre: el Guía del Pueblo’. Este conflicto, lejos de realizar ningún proyecto de desarrollo nacional desagrega y divide la fibra anímica de la nación prometiéndola a corto plazo al estado de trauma y división de los países en guerra.
Para evitar males mayores derivados de una tiranía inspirada en la de Fidel Castro es necesario restaurar la República Democrática en sus fundamentos originales: Federación y dignidad del hombre. ¿Cómo? El Arte nos ofrece una alternativa. El Arte genuino de Esquilo es como un eco de aquella Arcadia remota en donde arte, ciencia y religión eran las expresiones de una misma entidad, de un mismo sentimiento de universalidad. En la ‘Trilogía’ Esquilo describe el drama del conquistador de Troya: Agamemnón, rey de Micenas. Este, habiendo sacrificado a su única hija, Ifigenia, para invocar el auxilio divino en su empresa, fue asesinado por su esposa Clitemnestra al volver triunfante a su hogar. Posteriormente su hijo Orestes es obligado por el dios Apolo a ejecutar la sentencia de muerte reservada a la asesina. En la tercera parte Orestes debe lavar la terrible mancha del matricidio en el templo de Apolo en Delfos a donde llega perseguido por las diosas de la venganza sangrienta: las terribles Erinias.
La importancia de esta obra del gran dramaturgo griego es su contexto o enfoque histórico. Esquilo divide la historia de la civilización griega en un antes y un después de la democracia. Introduce la nueva era de los dioses olímpicos representados esencialmente por Zeus y su hijo Apolo, el dios de la luz y de las artes, del perdón y la expiación. Los dioses viejos vienen de la noche de los tiempos de la época poseidónica: dioses arcaicos y oscuros erigidos sobre la venganza y el sacrificio sangriento.[1] Las Erinias vengativas representan el mundo instintivo brutal y sangriento (todavía hoy presente en ciertos rituales de pueblos africanos). Apolo representa el alba de una nueva época en la que la humanidad se aleja del odio y la venganza y se eleva a las alturas del arte y de la belleza. Entre estos dos eventos aparece el Areópago, la democracia, pues Atenea deja en sus manos el castigo de Orestes. La moraleja es que la democracia nace como una síntesis genial entre lo más arcaico –el instinto- y lo más reciente –el intelecto. En la democracia, apoyada en la moral y la luz apolínea, las furias devastadoras de la venganza sangrienta devienen genios protectores de la tierra y de la familia. La cacofonía del rugido salvaje deviene canto armónico que se eleva al cielo. La actual situación de Venezuela aparece calcada sobre este modelo de Esquilo. El país no ha evolucionado en un solo bloque de desarrollo unificado dando lugar a un desequilibrio crónico social y cultural.
En este punto debemos recordar que la tragedia humana tiene por causa la ignorancia de sí mismo. La naturaleza humana es universal. Por eso todo es cíclico y recurrente. Lo que estamos viviendo es una crisis entre lo instintivo y lo intelectual. Una guerra a muerte y un suicidio para ambos componentes de la entidad nacional pues el uno –como el cerebro humano mismo- no puede sobrevivir sin el otro.
El Pacto de Punto Fijo fue una renovación-refundación de la democracia y funcionó en tanto existió una cierta actitud altruista centrada en el bien común tal como la concebía esa generación de políticos. Pero los tiempos cambian. Todo pasa, como dice Heráclito. Pasa el dólar ta’barato y la Venezuela Saudita y llegan, pasa a paso, las vacas flacas. AD y Copey son ya una vieja manera de comprender el panorama social. Falta un Estado que rescate de la miseria a los más pobres en pro de una nación unida y saludable. Falta una noción espiritual, la única que une a los hombres. Entonces llega HCH con un nuevo esquema social que exacerba el ansia de transformación en las clases más bajas. Exacerba la irracionalidad y reduce libertades e iniciativa privada: motores de una economía sana. Allí no hay un consenso que derive de la lógica, el sentido común del hombre libre sino la voluntad cetrina de un solo hombre, un solo cacique. HCH le hace creer a los pobres que no tienen posibilidad de desarrollo sino con él. Con ello mata la fe del hombre en sí mismo.
Hoy, los representantes de la nueva democracia apenas se dejan ver entre las filas de los estudiantes y de los intelectuales independientes. Todos están conscientes de que está planteado un nuevo idealismo y un nuevo humanismo si la República Democrática va a sobrevivir a esta tempestad en donde lo justo (el ideal de la dignidad humana) esta amalgamado con el odio y lo irracional (deseo de poder y despotismo).
En el hombre mismo encontramos los medios para realizar su ideal de dignidad. Pero hay que tener fe en su bondad innata. Libertad, Igualdad y Fraternidad son meras proyecciones de tres estados del alma: Pensamiento, Sentimiento y Voluntad. Sentido, Valor y Fin. Espíritu, alma y cuerpo. Fe en un hombre que retoma la bandera de la dignidad humana por la vía de la ecuanimidad y la honestidad, uniendo el pasado con el presente. El instinto con el intelecto. Este hombre –cualquier hombre respetuoso de Dios- conduce al pueblo a través de la larga y esforzada vía de la transformación. La metamorfosis no es un fenómeno instantáneo -como el demagogo daría a entender a sus seguidores- sino un largo proceso generacional apuntalado por un verdadero compromiso de incorporar el potencial económico de la Nación en la creación de la institución sociocultural capaz de transformar al hombre libre –de cualquier condición social- en un constructor de su propio destino. Un largo proceso que solo es posible en el contexto de una democracia plural, una estabilidad política, económica y cultural atributos esenciales de un país, una Nación libre y sana. No un conflicto, un bochinche de demagogos para quienes el poder es el único fin y no un medio efectivo de realizar el gran designio humano.


REVOLUCION CULTURAL

Sólo mediante la toma de conciencia de lo universal en el hombre. Sólo a través de un proyecto tan monumental como las pirámides de Egipto. Un proyecto que exige la unión de los contrarios para su realización. Una ocasión única para sublimar instinto e intelecto en el momento histórico justo: las tres primeras décadas del siglo XXI. Una verdadera cruzada con caballeros andantes y todo: la realización en el mundo físico del anhelo apocalíptico de la Gran Madre. La elevación de María como Reina y Señora de toda la creación. ¿Por qué? La naturaleza generativa de la Tierra es, en tanto que principio femenino, inherente a la condición tanto de mujer como de madre del espíritu humano, de María. Ver a la naturaleza planetaria como una gigantesca y misteriosa entidad femenina forma parte del más arcaico y primario acervo cultural instintivo de la humanidad. Verla ahora integrada al sacramento cristiano en tanto que atributo externo de la Madre de Dios es un profundo anhelo inconsciente del hombre. Esta es la síntesis definitiva entre el instinto (Mitos) y el intelecto (Logos): el Nudo Gordiano del fenómeno humano.
Venezuela vive una crisis terminal que la puede destruir como nación. Pero la crisis de Venezuela es sólo un episodio local. Una crisis política, económica y social regional en comparación con la amenaza mortal que se cierne inexorable sobre toda la humanidad. La irreversible degradación del ambiente con sequías (causantes de hambrunas y de guerras), cambios climáticos asesinos y derretimiento de los casquetes polares. La cuestión de la protección del ambiente se sale del marco político y legal y se convierte en un sine qua non de la supervivencia del individuo y la sociedad libres. El hombre libre, el hombre digno coloca a la naturaleza bajo la protección directa de la Madre de Dios. Sencillamente porque sin una naturaleza sana no puede existir un hombre sano sino un ser oscuro e indigno. Además esto es algo que el hombre esta obligado a realizar. Porque está escrito. Esta consignado en los Evangelios y en el Apocalipsis. Hoy, Atenea-María salva al hombre libre, a Orestes, a Edipo, de la aniquilación en el campo de fuerzas opuestas del instinto y de la inteligencia abstracta, y reinstaurando la democracia en su vocación primigenia del amor a la libertad y la justicia social.
(Este es el tema de http://www.bramidointelectual.blogspot.com/ y el de http://www.bramidointelectual2.blogspot.com/)
Next: INICIACIÓN

[1] Juan Liscano,¿Identidad nacional o universalidad?, Colección libros de hoy, El Diario de Caracas (ed.), 1980.

[2] Victor Turner, The Anthropology of Performance, prefacio de Richard Schechner (ed.), PAJ Publications, New York, 1987. Traducción personal al castellano.
[3] Citando a Jean Gebser, Turner afirma que la Perspectiva es la llave de la modernidad porque espacializa el mundo.y conduce a la creación de la geometría matemática. Esto tiene implicaciones metafísicas y epistemológicas. El tiempo es percibido en términos de espacio lo cual lo hace medible. El modelo de la Perspectiva hace al hombre la medida y el medidor de todas las cosas.

jueves, 5 de febrero de 2009

¡Pobre pueblo humilde!

Dicho en descargo de ese pueblo humilde que todavía ignora que Chavez significa la muerte de su dignidad de hombre libre: este régimen ha ejecutado el más innoble y perverso despliegue de medios del Estado para hacer del hombre humilde de nuestra tierra un mero cliente. Un adicto a este régimen de inescrupulosos apasionados por el poder. Porque si le quitan la ayuda, el bono o el empleo ¿Cómo va a enfrentar el costo de la vida con una inflación de tempore belli?
Pero no hay mal que cien años dure. La unica condición necesaria para recuperar la dignidad de la Libertad es sencillamente votar NO, sin un ápice de miedo este 15 de febrero. ¿Porque no hay manera de saber quien vota por quien? NO, Porque el miedo no es compatible con la identidad de un Pueblo orgulloso de llamarse "BRAVO".

Libertad Universalidad y Dialéctica

¿Por qué luchó Bolivar? Por la Libertad, por el derecho del individuo a escoger y construir su propio destino, aún a través de un largo camino de errores y de sufrimientos.
¿Qué hace Chavez? Enseñar al Venezolano a no ser libre, a depender de los demás, a volver a la época de los caciques indígenas de épocas pretéritas en las cuales la noción de individualidad no existía.
¿Cómo? Instaurando un régimen irrespetuoso de la libertad, del libre albedrío del hombre libre. Es decir, predica con el ejemplo, condiciona al hombre, al ciudadano venezolano a la ausencia de libertad, a que otros piensen, sientan y actúen por él. Para ello se apoya en Fidel Castro, ‘el Último de los Caciques’.
El régimen de Fidel Castro está destinado a desaparecer de la faz de la tierra porque es un anacronismo en la Época del hombre libre, hacedor de su propio destino.
En conclusión, Chavez no es sino la antítesis de Simón Bolivar. El anti-Bolivar. Un renegado de la Libertad.
La libertad es la piedra angular de la Cultura humana. La clave y única vía de acceso de aquella Metanoia de la que habla San Pablo: lo que de humano y efímero pasa a ser eterno.
Durante los casi cincuenta años en los que AD y COPEI dominaron la escena política el enfoque social no fue privilegiado. Al comienzo del cuarto año del segundo gobierno de CAP un oscuro oficial de la fuerza blindada intentaba, sin éxito, dar un golpe de estado. Poco después, en medio de una tormentosa sesión del Congreso Nacional Rafael Caldera se oponía a la severidad de los adecos y reivindicaba el contenido social y humano que según él estaba presente en esa acción subversiva. Desde ese momento, el ‘hombre’ venezolano – ese laissé pour compte de la vida democrática, convirtió a Caldera en el estandarte de sus aspiraciones de progreso, en otras palabras, de evolución en oposición a un sempiterno estancamiento.
¿Por qué miseria y estancamiento? Porque la realidad política nacional siempre ha sido planificada por miopes y ciegos. Egoístas que siempre han arrimado el fuego a su sardina y permitido que las clases humildes permanezcan fijadas eternamente. Sin esperanza de transformación ni de progreso.
Ahora bien, ¿Quién tiene un programa de desarrollo nacional que tome en cuenta al hombre – ese desconocido – como punto de partida? Nadie, por la simple razón que ni siquiera saben lo que el hombre es. Yo se los voy a decir, poniendo de lado dos mil años de racionalismo materialista: el hombre es un microcosmos, una imagen fiel del universo, del macrocosmos. En él coexisten tres niveles de realidad 1) lo físico y espacial, 2) lo anímico temporal y 3) lo espiritual por encima del tiempo y del espacio. La única manera de que el hombre construya un Estado permanente capaz de desafiar el paso del tiempo es construyendo ese Estado a su imagen y semejanza. Es decir, imprimiéndole una estructura triple que no sólo libere el cuerpo, el alma y el espíritu del hombre sino también el cuerpo el alma y el espíritu del Estado: la economía, la política y la cultura.
Es necesario oponerle entonces otra revolución a quien nos quiere robar nuestro patrimonio de libertad. Porque la revolución de un pueblo que ama la libertad no puede ser sino una revolución interior, una revolución del alma humana. El renacer de aquello que es universal en el hombre y que lo une intrínsecamente a sus hermanos por encima de convenciones sociales y económicas, esta es la revolución del Sentimiento, del Alma. El momento histórico es muy grave y sólo un sentimiento sinceramente fraternal que nos una y nos identifique los unos con los otros sublimando prejuicios y egoísmos puede ganar esta batalla entre el hombre que crea la historia y su destino por sí mismo, y las fuerzas retrogradas del caudillismo y de la ignorancia.
Aprendamos la lección que el espíritu de nuestra época nos confronta, reneguemos de la hipocresía y del egoísmo y escuchemos el clamor de dolor que brota de lo más profundo del alma de nuestro pueblo, pero esta vez por la senda de la Libertad y con los métodos de hombres que armonizan el instinto con el intelecto y que crean, en el devenir inefable de la historia, aquella Cultura que desafía al tiempo.
La Libertad es el atributo natural de la más alta condición humana: la del pensamiento.