¿Por qué luchó Bolivar? Por la Libertad, por el derecho del individuo a escoger y construir su propio destino, aún a través de un largo camino de errores y de sufrimientos.
¿Qué hace Chavez? Enseñar al Venezolano a no ser libre, a depender de los demás, a volver a la época de los caciques indígenas de épocas pretéritas en las cuales la noción de individualidad no existía.
¿Cómo? Instaurando un régimen irrespetuoso de la libertad, del libre albedrío del hombre libre. Es decir, predica con el ejemplo, condiciona al hombre, al ciudadano venezolano a la ausencia de libertad, a que otros piensen, sientan y actúen por él. Para ello se apoya en Fidel Castro, ‘el Último de los Caciques’.
El régimen de Fidel Castro está destinado a desaparecer de la faz de la tierra porque es un anacronismo en la Época del hombre libre, hacedor de su propio destino.
En conclusión, Chavez no es sino la antítesis de Simón Bolivar. El anti-Bolivar. Un renegado de la Libertad.
La libertad es la piedra angular de la Cultura humana. La clave y única vía de acceso de aquella Metanoia de la que habla San Pablo: lo que de humano y efímero pasa a ser eterno.
Durante los casi cincuenta años en los que AD y COPEI dominaron la escena política el enfoque social no fue privilegiado. Al comienzo del cuarto año del segundo gobierno de CAP un oscuro oficial de la fuerza blindada intentaba, sin éxito, dar un golpe de estado. Poco después, en medio de una tormentosa sesión del Congreso Nacional Rafael Caldera se oponía a la severidad de los adecos y reivindicaba el contenido social y humano que según él estaba presente en esa acción subversiva. Desde ese momento, el ‘hombre’ venezolano – ese laissé pour compte de la vida democrática, convirtió a Caldera en el estandarte de sus aspiraciones de progreso, en otras palabras, de evolución en oposición a un sempiterno estancamiento.
¿Por qué miseria y estancamiento? Porque la realidad política nacional siempre ha sido planificada por miopes y ciegos. Egoístas que siempre han arrimado el fuego a su sardina y permitido que las clases humildes permanezcan fijadas eternamente. Sin esperanza de transformación ni de progreso.
Ahora bien, ¿Quién tiene un programa de desarrollo nacional que tome en cuenta al hombre – ese desconocido – como punto de partida? Nadie, por la simple razón que ni siquiera saben lo que el hombre es. Yo se los voy a decir, poniendo de lado dos mil años de racionalismo materialista: el hombre es un microcosmos, una imagen fiel del universo, del macrocosmos. En él coexisten tres niveles de realidad 1) lo físico y espacial, 2) lo anímico temporal y 3) lo espiritual por encima del tiempo y del espacio. La única manera de que el hombre construya un Estado permanente capaz de desafiar el paso del tiempo es construyendo ese Estado a su imagen y semejanza. Es decir, imprimiéndole una estructura triple que no sólo libere el cuerpo, el alma y el espíritu del hombre sino también el cuerpo el alma y el espíritu del Estado: la economía, la política y la cultura.
Es necesario oponerle entonces otra revolución a quien nos quiere robar nuestro patrimonio de libertad. Porque la revolución de un pueblo que ama la libertad no puede ser sino una revolución interior, una revolución del alma humana. El renacer de aquello que es universal en el hombre y que lo une intrínsecamente a sus hermanos por encima de convenciones sociales y económicas, esta es la revolución del Sentimiento, del Alma. El momento histórico es muy grave y sólo un sentimiento sinceramente fraternal que nos una y nos identifique los unos con los otros sublimando prejuicios y egoísmos puede ganar esta batalla entre el hombre que crea la historia y su destino por sí mismo, y las fuerzas retrogradas del caudillismo y de la ignorancia.
Aprendamos la lección que el espíritu de nuestra época nos confronta, reneguemos de la hipocresía y del egoísmo y escuchemos el clamor de dolor que brota de lo más profundo del alma de nuestro pueblo, pero esta vez por la senda de la Libertad y con los métodos de hombres que armonizan el instinto con el intelecto y que crean, en el devenir inefable de la historia, aquella Cultura que desafía al tiempo.
La Libertad es el atributo natural de la más alta condición humana: la del pensamiento.
jueves, 5 de febrero de 2009
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