La aporía moral de Venezuela
Un substrato del alma colectiva
No se puede juzgar y condenar la maldad en Venezuela. Porque ser malo para el común no es sino ser macho. Malo es sinónimo de fuerte, violento, marcial, arrojado, temerario, audaz. La huella perenne de la que hablara Herrera Luque determina este gene impactado en la idiosincracia nacional. Este desplazamiento de sentido por la capilaridad homeostática del signo linguístico es uno de los factores que explican por qué Venezuela es un país subdesarrollado en cuerpo y alma. Y hasta en espíritu, si lo tuviera.
Aquí, el hombre común piensa así: fuerte, malo, audaz. El polo opuesto de esta tríada es: débil. homosexual, cobarde.
Si Ud. es honesto y decente y respetuoso de los derechos de los demás, por la magia benefactora de la educación, probablemente es porque en sus genes, en su sangre, la hormona masculina no alcanza sino los escualidos niveles de la homosexualidad. Aunque sea latente. Es por eso que hasta con los gestos se percibe ese culto por la fuerza, la audacia, la viveza o sea la maldad.
Y si por casualidad Ud. es un malandro innato (genético) pero sus niveles de testosterona no le alcanzan para la media del comportamiento espectacular del macho cabrío, no se preocupe. Existen mil y una maneras de ser malo de pensamiento, palabra, obra y omisión. Una mala acción, un mal gesto del alma, una imprecación soéz, convierten a cualquier enano o sádico niño precoz en un gigante viril. Claro, sólo ante los ojos de los demás: es sólo una transformación virtual. En el escenario grandioso, mítico que es la espectacularidad callejera de la vida psíquica de los venezolanos
sábado, 5 de diciembre de 2009
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